Y ahora, ¿qué falta?

Primero llamó al área de donde le habían remitido la carta. Allí le dijeron que le bastaba con el certificado de viudedad. Contenta, se dirigió a la Junta de Villaverde, no le importaron ni el calor ni las dos horas de espera. Sin embargo, la señorita que la atendió le dijo que no, que tenía que entregar todos los papeles exigidos. Regresa a casa, busca papeles y contiene su mal genio. Y recuerda que ya antes del primer intento tuvo problemas con la Seguridad Social para conseguir el certificado de viudedad actualizado. Al día siguiente, un tanto reticente, vuelve a la citada Junta, calor, autobús, una carpeta de papeles y toda la mañana. Mientras espera su turno, se encuentra con una vecina en similares circunstancias, a la que sólo le piden ¡un certificado de viudedad y sin actualizar! –«vieja, sí, pero que me tomen por tonta…».