Tiempos modernos

Aunque ciertamente no soy en absoluto partidaria de sacralizar las obviedades, como hacen tantos políticos, a mí, lo confieso, me gustan las obviedades. Porque el sentido común escasea y porque, qué demonios, una obviedad es algo sólido, firme y comprobado.

Por eso, tengo que escribir que me resultó muy interesante la demostración que se hizo en Bilbao con motivo de celebrar el día sin coche. Y lo fue porque evidenciaba algo obvio: circular en automóvil por esta ciudad es, en la mayoría de los casos, una majadería propia de nuevos ricos incultos.

Todavía hay alguien que no se ha dado cuenta de que para moverse por Bilbao no hay nada como ir a patita o en bici; opciones ambas bastante más sensatas, sanas y modernas que el volante.

Hace unos años circular en bici por Bilbao era como jugar a la ruleta rusa o salir de marcha con Ernesto de Hannover: algo peligrosísimo. Hoy no lo es. Y desde mi punto de vista, a esta ciudad tan fotogénica le sientan muy bien las bicis. Y las obviedades.