De cabeza

Así es cómo enseñan nuestros futbolistas a nuestra juventud a comportarse: a cabezazos.

Nadie dice que no haya que utilizar la cabeza para algo o para todo o para llevar sombrero. La cabeza es tan útil como inútil; sirve tanto para tener ojos como orejas, o narices o pelo, y es, ¿al parecer?, un buen peso sobre nuestros hombros.

Por eso se desparrama por doquier la estúpida costumbre de dar un cabezazo al contrario a la primera de cambio. (Diría Millás: ¿qué quiere decir «a la primera de cambio»?) Y se pregunta el lavandero, ¿de dónde viene esto de cabecear?

La traición, la convicción de que la propia cabezota es indestructible y la nariz del de delante es débil, es, al parecer, razón suficiente, ¿que no necesaria?, para noquear al mamón que tenemos delante. No parece que sea un asunto claro. Todo depende de la estatura física y moral. El tupé también cuenta. El cerebro no cuenta porque es una zapatilla vieja.

julian@discosdefreno.com