Cabras y ovejitas

Estaba yo preocupado, darling, porque tras ver anunciada la retransmisión del Día de las Fuerzas Armadas –con la patriótica Carmen Sevilla embutida en su uniforme y saludando con gracia y salero como si no hubieran pasado 50 años desde Sidi Ifni– llegué a sospechar que este año la Legión no desfilaría con la cabra, sino con ovejitas.

No fue así, afortunadamente –el macho cabrío tenía unos cuernos más retorcidos que la trama de Perdidos o que los diagnósticos del doctor House–, y asistimos a una ceremonia en condiciones. Aunque en nada comparable a las celebradas en tiempos de aquel programa en blanco y negro llamado Por tierra, mar y aire.

Aquellos desfiles con docenas de tanques por el Paseo de la Castellana existían para recordar a los madrileños –y por ende a los españoles– quién había ganado la guerra. Hoy, en cambio, son más festivos y más breves, y eso que salimos ganando. Que luego ve uno el anuncio para conseguir reclutas, con esos mozos y mozas tan lozanos, y le entran ganas de apuntarse.