Ventas en castellano, please

Era el fin de la era del pollo, tras la edad del bronce, una crisis así… Los que nos dedicamos al consumo no la recordábamos. Tras las angustias, denuncias e indemnizaciones, nunca más se habló del tema. Borrado. Olvidado.

Cancelado. Ahora, haciendo compras por la ciudad me encuentro con una facilidad que abruma productos cuyo etiquetado está desde en alemán hasta en pakistaní. ¡Y aquí no pasa res! La normativa establece que tiene que estar en castellano, salvo que sean productos autóctonos.

¡Y hombre! La verdad es que casi, casi lo son, porque entre las mil cosas buenas que tiene la inmigración, los nuevos sabores, olores y colores son un detalle, y alegran la vida. Lo malo es cuando caes en que aquí nadie cumple la norma y, lo peor, quien tiene la obligación de velar por nuestra salud, que es la inspección de la administración, no lo hace.

¿Quién responderá si pasa algo? ¿El comerciante o la administración por dejación de funciones? ¿Pero no somos un país avanzado? ¡Será que la Comunitat es jauja!