La perrera de Sangonera

La semana pasada hice una visita a la perrera municipal, y dentro de lo bien que nos atendieron, salí con el alma por el suelo, sobre todo por la situación de los gatos. Es muy triste ver cómo los perros tienen suficiente lugar para moverse y correr, mientras que aquellos se hallan en jaulas que no llegan al metro cuadrado, pudiendo estar hacinados en una hasta cuatro gatos grandes.Y en jaulas donde sólo tenían cachorros, como mínimo había una docena, con los recipientes higiénicos con excrementos, pisoteando por encima porque apenas tenían espacio para moverse. Lo que terminó de espeluznarme es lo que hacen con muchos adultos, la mayoría de raza: a la semana les ponen una inyección letal (matándolos, pero eso sí, «sin sufrimiento»). También fue triste ver las expresiones de tristeza de unos pobres perros, no importa la raza, que habían abandonado sus insensibles dueños sólo porque ya no eran jóvenes y lozanos, como antes. Esto debería estar prohibido: si adoptas un animal es para lo bueno y para lo malo, y hasta que la muerte nos separe. Por lo menos así es para algunas personas, entre las que me incluyo.