A la escuela por sorteo

No es lo que más duele que no se nos permita escoger centro educativo para nuestros hijos, que duele y mucho. No es lo peor, aún siendo malo, que no se tenga en cuenta la convicción católica de algunas familias en la asignación de centros.

Lo más humillante para estas familias afectadas por la dejadez e incompetencia de nuestros gobernantes, es ver cómo la educación de nuestros hijos se decide en un sorteo, igual que el que se sigue para decidir que personas conseguirán entradas para asistir a un partido de fútbol. ¿Así es en realidad cómo la Generalitat considera a nuestros hijos? ¿Como una entrada numerada que debe sortearse para decidir quién se la queda?

La educación necesita mayor consideración; las convicciones religiosas, si existen, exigen más respeto; los padres reclamamos libertad; y nuestros hijos no son números sin nombres ni apellidos, sino personas cuyos padres tienen el derecho de ofrecerles la educación que mejor consideren para ellos.