Es de bien nacidos

Querida Concha, la semana pasada tu vida se apagó. Quiero agradecerte todo lo que has hecho por nosotras. Nos enseñaste a ser buenas profesionales, a disfrutar siendo buenas secretarias, a sonreír ante el exceso de trabajo, a terminar bien las cosas.

No dejabas de repetirnos en clase que lo importante era poner la última piedra al final de cada jornada, cuando estamos cansadas y deseando marcharnos... y tantos detalles esenciales en nuestro trabajo.

Ya sólo me queda pedirte, en nombre de todas las mujeres que has formado, que no nos olvides y sigas dándonos «toques de bastón» para entregarlo todo y ser mujeres de una pieza, como siempre nos repetías.