Viva el voto secreto

A las cortinas de la cabina sólo les faltaba ser transparentes

El domingo voté en el colegio público Joaquín Costa de Madrid. Para mi sorpresa, una vez más, las papeletas había que cogerlas de una gigantesca mesa a la vista de todos, situada al menos a siete metros de una cabina donde, supuestamente, se puede votar de forma secreta. Digo supuestamente porque allí no hay papeletas, ni una repisa donde apoyarlas, y a las cortinas de dicha cabina sólo les falta ser transparentes: las hay a los laterales, pero no en la parte trasera. ¡Viva el voto secreto!

Y esto por no hablar de las medidas de seguridad. Supongo que habría Policía (yo no vi ninguno), pero lo que sí vi fue un formidable caos de cajas con papeletas y urnas esparcidas por el suelo, entre las cuales pude haber soltado tranquilamente mi bolso con un cóctel de fuegos artificiales en su interior (por decir algo), y haber salido por la puerta como si tal cosa a esperar que comenzara el espectáculo.