Autoalabanza de Hugo Chávez

Clara Rojas concibió un hijo de un guerrillero de las FARC. Cuando el niño tenía dos años, los guerrilleros se lo arrebataron a su madre –su padre ya debía estar muerto– para llevarle a un sitio donde le curaran.

Al parecer, lo dejaron medio muerto en la casa de unos campesinos. Sólo que los campesinos, más humanos que los guerrilleros, llevaron al niño a un hospicio, que es donde lo ha encontrado la Administración colombiana. Es decir, que el ‘Ejército’ –que así quiere don Hugo Chávez que le llamen– de las FARC ha negociado con un niño que habían dado por muerto. Con todo ello, el citado Hugo Chávez ha montado la más repugnante operación de autoalabanza, donde no han faltado el beso de los niños de otra liberada, así como la exigencia a Europa de que retire a dos grupos terroristas colombianos de la lista de... grupos terroristas.

En ese mundo, el poder se identifica con la capacidad de producir dolor y humillación al prójimo. El descaro de personajes del tipo de Hugo Chávez, capaces de sacar rendimiento a ese dolor, ya es para nota.