Me ahogo

Me ahogo, creo que estoy tocando fondo. No he podido salir de vacaciones, ya no salgo a tomar algo por ahí, ni al cine, ni tan siquiera puedo salir a comer una hamburguesa. Trabajo todo el día, mi pareja también, pero entre las subidas de las hipotecas, la gasolina, el transporte y los artículos de primera necesidad, además de un largo etcétera, me ahogo. Mis miserables ahorros se han ido disipando lentamente, casi de forma imperceptible, pero ya no queda nada. Mi sentir no es individualista, a ustedes también les ocurre, ¿verdad?, y a mis amigos, compañeros y vecinos, también.

Y cuando tenga que, por ejemplo elegir entre pagar mi hipoteca y comer, ¿qué haré?, supongo que comeré, eso sí, como decía mi madre, con una mano delante y otra detrás, porque no creo que para entonces me pueda permitir comprar pan, bueno, ni pan ni leche ni pollo ni harina ni nada, y ni tan siquiera se lo podré contar a ustedes porque no podré pagar mi conexión a Internet, ni el teléfono; aunque, con un poco de suerte, el día 10 del mes (que es hasta que me dura el dinero) me queden unos céntimos para un sobre y un sello para escribir a nuestros políticos y decirles que las gentes de mi país y yo nos ahogamos.