No podemos ni oírnos

Soy un vecino de la calle San Modesto, en Madrid. Cuando compré mi casa había una pequeña carretera a Colmenar Viejo y ahora hay diez carriles de autovía que hacen imposible dormir, estar e incluso vivir en nuestra casa.
El ruido es estremecedor, seguro que fuera de los límites permitidos. En el parque que hay entre las viviendas y las carreteras apenas se puede oír lo que dice otra persona y es estresante pararse en un banco a tomar el fresco. Las ventanas de las viviendas tienen que estar cerradas para amortiguar el ruido atronador de los coches y, aún así, no se descansa bien. Todo esto se podría paliar con unas pantallas acústicas entre las carreteras y el parque, que creo que tampoco es un gran desembolso por parte de la Administración.