En España los psiquiatras David Huertas, Juan José López-Ibor y María Dolores Crespo han elaborado un estudio sobre "Neurobiología de la Agresividad Humana", en el que alertan del fracaso en el control de la violencia.
Destacan en su trabajo que el siglo XX ha sido el más violento de la historia de la humanidad y que los comienzos del XXI parecen continuar esta pauta, en la que la globalización contribuye a que los mismos problemas se extiendan por todos los países.
La agresión instrumental, que sirvió para ayudar a la especie humana a convertirse en el ser dominante del planeta, se utiliza ahora para la destrucción de los propios seres humanos y contribuye a que hayan crecido el número de enfrentamientos bélicos en diferentes lugares del mundo.
También el cine, la televisión, el teatro, la novela y hasta la moda están inmersos en una tendencia global hacia la hostilidad, a la que también contribuye en buena parte el arte moderno, con una estética de la transgresión que hace gala de los instintos más sádicos del ser humano y que incide en una forma de violencia únicamente humana que busca, sólo por placer, satisfacer los instintos agresivos.
El psiquiatra David Huertas, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Alcalá de Henares, denuncia que la agresividad es un valor en alza en muchos juegos de ocio y destaca que en los medios de comunicación se recoge esta situación, constatada en noticias que hablan del aumento de la violencia doméstica, del maltrato en las escuelas, de las peleas por incidentes de tráfico o del aumento de las guerras en el mundo.
La cultura y la educación son formas de modular la agresividad y se apela por hacer un esfuerzo mayor para su fomento y desarrollo, para conseguir mejores resultados en la lucha contra todas las formas de disfunción social basadas en la violencia.
Entre las causas que se apuntan sobre esta falta de control de la agresividad destacan, además de los factores biológicos, algunos factores socioambientales propios de las sociedades modernas como son la masificación, la contaminación acústica y atmosférica, las deficiencias de la educación y la frustración de las expectativas de buena parte de la juventud.
Uno de los mitos que se rompe es el de que el sexo masculino es más agresivo que el femenino, ya que los últimos estudios apuntan a que
En los hombres, que por lo general tienen más fuerza y tamaño, las formas de agresión suelen ser directas y más extremas, mientras que las mujeres optan por formas indirectas como la descalificación, el rechazo o la humillación.


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