Los llevan y recogen a la puerta del colegio. Les dan la comida y, en ocasiones, la cena. Revisan las tareas y autorizan sus juegos. Son los abuelos modernos que a diario ejercen de padres de sus nietos mientras los auténticos trabajan.
A veces los abuelos van a las tutorías porque nosotros los padres no podemos Están ahí, pero oficialmente no figuran en ninguna parte. O al menos así era hasta que hace dos semanas el colegio SolyNieve de Arroyomolinos (un centro privado, bilingüe y laico), decidió fundar la primera Asociación de Padres y Abuelos (Apya) del país. Funciona como cualquier Ampa y sus miembros potenciales (1.000 padres y 2.000 abuelos) tienen los mismos derechos y deberes, incluido el de voz y voto en el centro.
"Creemos que es algo lógico, lo está marcando la dinámica de la sociedad moderna, donde los padres estamos obligados a trabajar los dos", explica el tesorero de la Apya, Javier Gallego. Y Pilar y Conchi (madres de alumnos) lo ratifican: "Algunas veces los abuelos han tenido incluso que venir a las tutorías porque nosotros no podemos".
Pioneros en la Comunidad
Los padres de la iniciativa rechazan que el carácter privado del centro sea un obstáculo para exportar la idea a otros colegios. "Los niños son los mismos, los abuelos son los mismos y los trabajos son iguales en todas partes", sentencia Orlando Gallego, el secretario de la asociación.
Los colegios públicos pueden abrir sus Ampas a los abuelos Y todo apunta a que las autoridades educativas están de acuerdo con ellos. Según ha sabido 20 minutos, éstas ya se han puesto en contacto con ellos para conocer todos los detalles y el funcionamiento de la Apya de cara, quizá en un futuro, a abrir también a los abuelos las ampas de los centros públicos.
Aunque la Consejería de Educación matizó ayer a este diario que "las asociaciones de madres y padres eligen libremente y de forma autónoma a sus representantes y la Administración pública no interviene". Es decir, que los colegios públicos podrían abrir sus Ampas a los abuelos en cualquier momento.
Si enferman, llaman al abuelo
Por su parte, mientras la Apya del SolyNieve echa a andar, los críos son los que viven la nueva situación con más naturalidad. "Muy bien" es la calificación de Pilibell para su abuelo Jesús, al que la pequeña (siete años) no se extraña de ver moviéndose con absoluta libertad por su colegio.
Los abuelos gozan de los mismos derechos que los padres en el centro El centro no sólo ha acogido con entusiasmo la idea, sino que anima a sus miembros a proponer cosas nuevas. "Habrá un taller de inglés para los abuelos, que lo han pedido", dice el rector, José Carlos Maldonado, consciente de que es la única asignatura que suspenden los mayores.
Escenas tan habituales como tener que abandonar el puesto de trabajo ante una llamada del colegio pueden tener los días contados. ¿Por qué la misma persona que los lleva y recoge del centro (sus abuelos) no pueden hacerse cargo del alumno si éste se encuentra indispuesto de repente? Acabar con este tipo de situaciones es posible con la Apya, donde los abuelos gozan de los mismos derechos que los padres.
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