El Guadalquivir se disfrazó de Támesis a su paso por los puentes del Alamillo (junto a estas líneas), el de Triana (imágenes del centro y de la derecha) y el de la Barqueta (fotografía inferior). Aunque con unas nubes tan bajas se pierde la perspectiva del horizonte, nada puede ocultar (ni siquiera la espesa niebla) la belleza de buena parte de los rincones de nuestra ciudad.
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