Las bandas de jóvenes violentos no se limitaron a destrozar coches, sino que también atacaron una escuela maternal en Acheres, al oeste de la capital, y un colegio en Torcy, al este de París, que resultó parcialmente destruido.
De nuevo varios almacenes industriales fueron pasto de las llamas en el departamento de Seine-Saint-Denis (el más afectado por los disturbios), en particular dos textiles en Aubervilliers y Pierrefitte.
Sin enfrentamiento con la Policía
La Policía destacó que no se produjo ningún enfrentamiento directo entre los autores de los altercados y los agentes antidisturbios, lo que confirma la estrategia de evitar los choques y daños personales.
Según informa RNE, 897 vehículos han ardido esta noche en Francia, 656 de ellos en los alrededores de París. Pero los incidentes se extienden a otras ciudades. Durante las últimas horas, se constataron por ejemplo incidentes en Toulouse (sur), con al menos una decena de coches quemados; en Soissons (norte), con dos autobuses destruidos; o en Rennes (noroeste), con al menos 11 coches calcinados.
Villepin se reúne con los jóvenes
A la misma hora que se producían los primeros incidentes violentos de la jornada, el jefe del Gobierno conservador francés, Dominique de Villepin, estaba reunido con unos 15 jóvenes de zonas urbanas difíciles, marcadas por la inmigración, el desempleo, la pobreza y la delincuencia, para abordar con ellos los problemas de los barrios y las posibles soluciones.
Tras el encuentro, varios de los jóvenes se felicitaron de esta iniciativa de De Villepin, que "realmente trata de resolver los problemas", pero señalaron que éstos no empezaron la semana pasada, sino antes, y pidieron medidas para que los barrios no sean guetos. Otra estudiante lamentó el "desencuentro, la falta de comunicación" entre los jóvenes de barrio y la policía. Muchos de ellos "tienen la sensación de ser subestimados y de formar parte de una tercera o cuarta zona, en condiciones dignas de un país en desarrollo", indicó.
El ministro Sarkozy ha hablado de "chusma" y de limpiar los barrios con mangueras de presión
Sarkozy, en el punto de mira
Villepin se reunió en la tarde del viernes con su ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, cuyo lenguaje "guerrero" ha suscitado fuertes críticas y del que varios políticos de la oposición de izquierdas reclamaron la dimisión.
Ante el agravamiento de la crisis, el primer ministro ha cerrado filas públicamente con Sarkozy, pese a la rivalidad que opone a los dos hombres en la perspectiva de las elecciones presidenciales de 2007.
Además, crecen las voces por el restablecimiento de la policía de proximidad, implantada por la izquierda y eliminada en la práctica por la derecha, tras su llegada al poder en 2002.
Dentro de la misma policía hay voces que piden una reorientación de la estrategia represiva del cuerpo. Así, el responsable del sindicato Alliance, Jean-Claude Delange, dijo al vespertino "Le Monde" que "queremos la puesta en marcha de una verdadera policía de barrio", que haría a la vez labores de "prevención, disuasión y represión".
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