Miguel Ángel había llegado al edificio poco antes, en un grupo de 18 bomberos con dos autobombas, una del parque de Santa Engracia y otra del de la calle Imperial. Catorce subieron a la planta 21. Habían recibido un aviso a las 23.21 y afrontaron la tarea en apenas cuatro minutos. «El fuego que encontramos llevaba ardiendo por lo menos media hora. Ni con gasolina coge eso tantas calorías en tan poco tiempo», explicaba ayer este experimentado profesional en declaraciones exclusivas a 20 minutos, mientras se repone de sus heridas en La Paz.
Él fue uno de los seis bomberos que se enfrentaron directamente con el fuego. Sobre él empezó a caer el techo, antes de que su jefe diera la orden de evacuación.
Sufrió un «síndrome de inhalación» por respirar gases tóxicos y aire a altas temperaturas. «Había entre 600 y 1.000 grados y el humo lo inundaba todo: no podía ni ver mi propia mano». Tiene quemaduras en el bigote y la nariz y contusiones en la espalda, aunque hoy mismo le darán el alta y se irá a casa.
Para que recuerde que pronto tendrá que volver al tajo, sus compañeros le han traído dos coches de bomberos en miniatura.
Lo que será difícil que olvide es el infierno que vivió. «Entramos de dos en dos a atacar el fuego, con la manguera de la boca de incendios equipada (BIE) que hay en cada planta. Yo di el segundo relevo», relata.
Cuando ya veían imposible apagar el incendio desde ese punto y pensaban en otra estrategia, empezaron a caer cascotes sobre ellos. «Parte del falso techo se nos vino encima. También cables y planchas metálicas. Mi botella de oxígeno se enganchó y me quedé sin aire. Fueron unos segundos, pero se me hizo un mundo», relata con serenidad.
«Me quedé asfixiado»
«Me quité la máscara para seguir adelante, y respiré aire muy caliente y gases. Me quedé bloqueado, asfixiado. Alguien me ofreció una máscara, pero sentí un empujón y caí al suelo», prosigue.
Aún mantuvo la conciencia para recordar que le arrastraban hasta el vestíbulo. Allí perdió el conocimiento. Le han contado que le quitaron el uniforme allí mismo y le bajaron en ascensor, donde recibió la primera atención en una UVI móvil.
De su experiencia, Miguel Ángel entresaca datos que pueden servir para aclarar parte del siniestro. Además de que la entidad del fuego apunta a que llevaba más de media hora ardiendo, añade que no encontró obstáculos en la planta, que la BIE tenía suficiente presión para atacar el fuego y que encontraron la manguera ya desplegada en el suelo.
Volverá al trabajo. Y se enfrentará a nuevos incendios. Pero ninguno será como éste. «Ha sido único. Si no hubiéramos evacuado, se habría quemado igual, pero con nosotros dentro. Lo normal es que se hubiera caído», afirma con rotundidad.
BIO
Nació en Madrid hace 42 años. Es bombero desde hace 16. Está casado y tiene un hijo de seis años. «Que sea lo que quiera, no tengo interés particular en que se meta en el Cuerpo», dice sobre su chaval. Le gusta mucho la montaña, especialmente el esquí de travesía. Y bien cerca de ella que vive, en Cerceda.




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