Según los datos de un estudio realizado por una conocida firma de grifería, tres de cada cuatro españoles se duchan al menos una vez al día. Y es que la ducha diaria es un hábito ya consolidado dentro de nuestra sociedad, y de hecho, algo muy bien visto, ya que implica limpieza y cuidado personal.
Normalmente, suele tratarse de una 'ducha rápida', entre cinco y diez minutos, y sin demasiadas complicaciones o extravagancias: jabón y esponja, son suficientes para disfrutar de este momento diario.
Tres de cada cuatro españoles se duchan al menos una vez al día
Sin embargo, parece que muchos de los productos que se ofertan actualmente en el mercado presentan el hábito de la ducha, más que como un acto destinado a la higiene, como una opción más para disfrutar de los ratos libres. Llegados a este punto, ha de establecerse una línea diferenciadora entre la considerada higiene y la sobrehigiene.
Lo que nos lleva a plantearnos otra cuestión, ¿es la sobrehigiene un hábito positivo o puede tener sus efectos nocivos? Es lógico pensar que para la piel un exceso de jabón y de agua no es recomendable.
Es importante conocer los daños que un exceso de higiene diaria y el uso de productos inadecuados pueden producir en la piel; lo que no supone, en ningún caso, poner en duda la necesidad de la higiene y de la ducha en su 'justa medida'.
El manto lipídico
La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano, y la primera línea de defensa, es decir, la barrera con la que el organismo se protege de los elementos y de los microorganismos nocivos.
Está compuesta por diferentes capas y estratos, de los que la piel se vale para llevar a cabo esa función defensora. Uno de ellos es el manto lipídico que la recubre y la protege de forma natural. Este manto está compuesto de agua, lípidos y otros componentes que ayudan a retener el agua en la dermis; la piel necesita estar lo suficientemente hidratada para poder llevar a cabo esa labor protectora.
La capa de lípidos tiene un PH ligeramente ácido, que se sitúa en torno al 5,5. Este PH impide que gérmenes, bacterias, virus, ácaros y demás microorganismos penetren en nuestra piel. Por eso es tan importante no alterar esa acidez. Si se modificara, el manto perdería propiedades, y en consecuencia perdería esa función protectora.
Ducharse varias veces en un mismo día y emplear jabones, geles u otros productos de aseo que contribuyan a perturbar el índice de acidez natural de la piel, son hábitos que pueden llevar a agotar el manto lipídico, y desencadenar así una serie de patologías cutáneas.
Posibles enfermedades de la piel
Nuestra piel está preparada, según la Academia Española de Dermatología y Venereología, para una única ducha al día. Si nos duchamos repetidas veces en un mismo día (sin poner en práctica hábitos como el de ducharse únicamente con agua y sin jabón, en las segundas y terceras duchas), ese exceso puede llevar a la aparición de algunas enfermedades de la piel:
Es la más conocida, precisamente por su creciente incidencia. La Asociación española de familiares y pacientes de esta enfermedad calcula que en nuestro país cerca del 10% de la población convive en la actualidad con esta dolencia, en especial los más pequeños.
La dermatitis atópica ocupa el 20% de las consultas en los servicios de dermatología pediátrica, y el 1% de las del pediatríaCuando una persona sufre esta patología, su superficie cutánea ya no cuenta con el manto lipídico protector, y se da una pérdida de agua que origina una intensa sequedad en la piel. Los pacientes sufren, como consecuencia, una molesta e irritante sensación de picor.
Existe un tratamiento médico para la dermatitis, que es una enfermedad crónica (sin cura definitiva por el momento), con el que se logra controlar la sensación de picor y las rojeces de la piel.
Otro de los problemas de perder la acidez natural es que nuestra piel puede ser víctima de infecciones de diverso tipo.
La popular pitiriasis alba, fácilmente reconocible por la aparición de manchas blanquecinas o con falta de pigmentación en la espalda y en las extremidades superiores, es una buena muestra.
Hay veces en las que la dermatitis atópica y la pitiriasis van de la mano; la aparición de la primera conlleva la proliferación de la segunda.
En el caso de la pitiriasis, su tratamiento, por vía tópica, se dilata en el tiempo convirtiéndose en una tarea muy molesta.
Las pieles con el manto hidrolipídico dañado son más sensibles, y por ello se originan las alergias. Esto no quiere decir que todas las pieles vayan a ser hipersensibles a determinadas sustancias. Dependerá de cada persona y del tipo de piel que tenga.
Normalmente, los alérgenos que causan las reacciones alérgicas son algunos de los componentes de los geles de baño: espesantes, emulsionantes, perfumes o, incluso, el color del producto.
Lo mejor es un jabón con PH 5,5 y aceite vegetal
Los geles y los jabones que se emplean en el baño tienen, al igual que la piel, un determinado PH, que, en este caso, es el índice de acidez que mide la alcalinidad del producto.
Lo ideal es utilizar sólo jabones que tengan un PH cercano al de la piel, 5,5, y que no excedan el 6,5, en ningún caso. A partir de esa cifra el gel puede ser considerado como desaconsejable, ya que el riesgo de que altere y acabe neutralizando el manto lipídico de la piel es muy alto.
Los jabones más recomendables son los que incluyen entre sus componentes aceite de oliva u otros aceites vegetales como el de almendras, el de germen de trigo, el de palma o el de coco: todos ellos ayudan a regular el grado de hidratación de la piel, y mantienen y regeneran su manto protector.
Además de adquirir geles con un PH óptimo, es importante prevenir la sequedad de la piel y no descuidar su hidratación después de la ducha. Por ello, es recomendable utilizar cremas hidratantes después del baño; aunque, de nuevo, sin caer en un uso excesivo lo que puede provocar el efecto contrario: un exceso de grasa en la piel, y la aparición de otro tipo de patologías cutáneas como el acné.


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