Pocas veces en nuestro país se ha esperado un concierto con tanta expectación y nostalgia. Y poquísimas veces un músico inmortal, un icono del Woodstock de hace casi medio siglo y su entregada audiencia merecían cruzar sus caminos y ajustar cuentas. John Fogerty, líder de la Creedence, por fin pisó España.
Tras maravillar en Murcia y Córdoba, y a la espera de su paso por Barcelona, el cantante y guitarrista californiano aterrizó en Madrid para plantarse en el escenario de Puerta del Ángel, recinto de actuaciones de Los Veranos De La Villa, y provocar el delirio.
A diferencia de otros públicos más homogéneos, un simple vistazo a la legión de seguidores que se acercó a escuchar los imperecederos himnos de Fogerty era conmovedor.
Así, desde jóvenes barbilampiños sedientos de rock a radiantes cincuentones, pasando por familias enteras entregadas a la causa, la audiencia compuso un bellísimo paisaje para que Fogerty saliera a comerse el mundo.
Desde las 21.30 h, y en dos intensísimas horas, el estadounidense no desperdició la oportunidad y se convirtió en otra vieja gloria que pasa por nuestro país y propina una patada en el culo a la mayoría de abúlicas bandas que dominan hoy por hoy las listas de éxitos.
Ataviado con chaqueta azul y camisa negra y armado con una guitarra de la que extrajo magia y sentimiento a borbotones, Fogerty, luciendo unos inverosímiles 64 años, inició la hazaña con Hey Tonight y muy pronto los asistentes repararon en que, al igual que otros colosos de la música como Iggy Pop o Willie Nile, el amor hacia el rock y la fe ciega en su repertorio provocan milagrosos rejuvenecimientos.
Regular y fiable
Fogerty no paró de desgañitarse, de sonreír, de avasallar con melodías y de noquear con clásicos de la Creedence a un público que no cabía en sí de gozo. Se centró más en la obra con su antigua banda y en su espectacular colección de temas. La mayoría los compuso en un período de tres o cuatro años, entre finales de los 60's y comienzos de los 70's, algo verdaderamente insólito teniendo en cuenta su número, fuerza e inspiración.
Who'll Stop The Rain, Lookin' Out My Backdoor y Fortunate Son fueron tres perfectos ejemplos de interpretaciones llenas de pasión, aunque tampoco tiene sentido aquí destacar unas por encima de otras, la regularidad y la fiabilidad de este bendito sujeto sobre un escenario son dos de sus muchas virtudes.
Tampoco descuidó su obra en solitario, donde sobresalen dos maravillas (Blue Moon Swamp y Revival) que reivindicó acometiendo Hot Rod Heart y Don't You Wish It was True, ambas prácticamente al mismo nivel de los himnos de su legendaria banda, especialmente la primera.
Tras la actuación, maravillosamente respaldado por su banda, agradeció a los asistentes el apoyo y la euforia y se retiró corriendo y poseído, consciente de su victoria, consciente de que su ajuste de cuentas con España es como la mejor de sus canciones: un atajo directo al corazón.




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