Javier se quedó en paro hace pocos meses y, a sus 35 años de edad, aprovechó la coyuntura para realizar el sueño de su vida: abrir un pequeño negocio en un pueblecito de las Cinco Villas. Como él, decenas de parejas y familias aragonesas han optado en los últimos tres meses por regresar al campo, huyendo de los agobios y los elevados precios y costes que conlleva la vida en la ciudad. Y los expertos aseguran que la tendencia es creciente.
"Estamos viviendo un nuevo efecto llamada al campo, que si bien no es la solución a la crisis, sí es una alternativa", explica José Manuel Roche, de la Unión de Pequeños Agricultores. Los empleos de agricultura y ganadería son los que mejor están capeando la crisis.
En febrero, este sector supuso la creación de 1.551 empleos, frente a los 1.565 del mismo mes del año anterior. Mientras, la industria y la construcción sólo lograron generar la mitad de trabajos que en 2008. Javier ha sufrido esta crisis en sus carnes. Era camionero y, cuando se quedó en paro, se marchó a Valpalmas, donde abrirá un bar restaurante. "Mi familia era de aquí y, al quedarme sin trabajo, me vine de cabeza", explica.
Los expertos estiman que este año en torno a un centenar de parejas ya han regresado al campo. "Sobre todo son jóvenes hijos de agricultores o personas que tenían el campo como actividad secundaria", explica Roche.
La situación se puede complicar a partir de este mes, cuando arranca la temporada de recogida de la cereza. A los temporeros habituales (muchos inmigrantes) se une ahora este nuevo tipo de trabajador que deja la ciudad para ir al pueblo.
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