El Sánchez Pizjuán volvió anoche a vivir una de sus jornadas mágicas con la selección. Nada menos que catorce años después, los sevillanos volvieron a vibrar con la roja.
El encuentro venía precedido de la polémica por la decisión de no jugarse en el Bernabéu a causa de lo sucedido en 2004, cuando Cole y Wright-Philipps tuvieron que soportar insultos racistas que venían de la grada.
En Sevilla no somos racistas, somos artistas
Por ello, la afición sevillana quiso reivindicar a la española en general. "En Sevilla no somos racistas, somos artistas", rezaba una pancarta en la grada del Pizjuán. Y fueron artistas. Es innumerable el número de olas que se hicieron en el estadio, el número de cánticos apoyando a la selección y, por supuesto, el número de olés que les dedicaron al juego de los de Del Bosque.
Pero hubo un hecho puntual, y fue antes del comienzo del partido, que no tuvo que haber ocurrido. Durante el himno inglés apenas se escuchó la música. Fue debido a que se escuchaban más los silbidos hacia el himno que la propia música. Se confirmaron los recelos de los aficionados sevillanos a todo lo comentado sobre la afición española y su supuesto racismo.
En un partido declarado de alto riesgo, y en el que había casi 5.000 ingleses en las gradas, fue un gesto que seguro cayó muy mal a los ingleses. Afortunadamente no hubo que lamentar ningún incidente importante.


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