Ana Isabel cumple 33 años la semana que viene, pero no tiene ánimo para muchas celebraciones. Su marido, Julio Rodríguez, un joven constructor de 30 años, lleva apostado desde hace diez días a las puertas del chalé del hombre que le debe 135.000 euros. Es la única medida de presión que se le ha ocurrido para intentar cobrar una deuda por la que tiene embargadas su casa y la de sus padres.
Esto hay que vivirlo para saber lo que es, ahora mismo no tengo dinero en casa
Julio, dueño de la empresa de construcción Cladrisan, S.L., de Villafranca de los Caballeros (Toledo), no está solo. Junto a él, durmiendo en una pequeña furgoneta, están sus dos empleados, un ciudadano marroquí que lleva seis meses sin poder mandar dinero a sus tres hijas, que viven en Marruecos, y un joven obrero de Madridejos, que tiene un bebé de un año. El propio Julio tiene dos gemelas de un año. La desesperación por mantener a su familia y retomar su vida es patente en la voz de su mujer, Ana, que atiende a 20minutos.es por teléfono.
"Esto hay que vivirlo para saber lo que es. Ahora mismo no tengo dinero en la casa, no tengo ni para comprarle los pañales a mis hijas. La casa ya está embargada y a punto de salir a subasta..." Su voz se entrecorta. "Si no fuera por mis suegros... que encima también tienen la casa embargada, por habernos intentado ayudar". Su angustia es evidente.
Los problemas de Julio y de su familia empezaron el día que aceptó trabajar para un constructor de Méntrida (Toledo). La empresa de Julio ayudó a construir el flamante chalé nuevo de este constructor; pero llegado el momento de hacer cuentas, dijo que no tenía dinero y que no podía pagarle.
Sin cobrar desde junio
Desde entonces, hace más de siete meses, Julio lleva reclamando su dinero. La deuda lo ha llevado a la ruina. De los 40 trabajadores que tenía contratados, solo le quedan los dos que comparten su acampada con él.
Cómo es posible que siga haciendo casas y a mi marido no le pague
Algunos vecinos del pueblo conocen el problema y se solidarizan con ellos; pero como dice la mujer de Julio "Yo no quiero pedirle nada a nadie, solo quiero reclamar lo que es mío".
Hasta que cobren, Julio y sus empleados seguirán durmiendo en una furgoneta frente al chalé de su deudor. Algunos vecinos de Méntrida les llevan café y comida. Cada cierto tiempo, Julio regresa a casa para ducharse y ver a su mujer y sus niñas. Hace tiempo que desechó la idea de contratar a un abogado, porque no podría pagarlo.
Pasan los días, se acerca el día de la subasta de su casa, y la deuda, 135.000 euros sigue pendiente.
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