Ahmad Suraji, de 57 años, confesó a la policía haber matado a las mujeres para mejorar sus poderes mágicos.
El santero fue sentenciado a muerte en 1998 después de que la policía encontrara los cuerpos de mujeres calcinadas en un campo en el Norte de Sumatra.
Suraji fue ejecutado a pesar de la apelación de última hora de Amnistía Internacional, que se opone a cualquier castigo de pena capital.
Las víctimas de Suraji contactaron con él para conseguir ayuda con el dinero y la vida amorosa. Después las persuadía para enterrarlas desnudas hasta el cuello y las estrangulaba hasta la muerte.


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