"La lengua española se caracteriza por la variedad y enjundia del léxico ofensivo y por su gracia y viveza. El insulto castellano es directo y rápido, audaz, como un tiro", afirma en una entrevista el autor, que ofrece en su nuevo libro "calificativos para todo tipo de conducta miserable, mezquina y deshonrosa".
Desde los destinados a "ladrones y maridos aparentemente engañados; chulos destemplados, soberbios montaraces, granujas disculpables o pobres hombres arrinconados por la vida", hasta los relacionados con la sexualidad, con el hambre o con los numerosos habitantes del reino de "los tontos, pícaros, mentecatos, bobos, truhanes y necios de todo pelaje".
En el campo semántico de los tontos moran "Abundio y Pichote, Cardoso y el cojo Clavijo, Perico el de los Palotes, Panarra y Pipí, el tonto de Coria, el del Bote y el de Capirote". Tampoco falta el pobre al que se le ocurrió asar la manteca o "el tonto bolonio".
El gran libro de los insultos. Tesoro crítico, etimológico e histórico de los insultos españoles tiene más de mil páginas y es la obra "definitiva" en este campo de Pancracio Celdrán Gomariz, autor, entre otros muchos títulos, de El libro de los elogios, Inventario general de insultos, Diccionario de frases y dichos populares o Hablar con corrección.
El citado "Inventario" fue "el germen" de la obra que ahora ve la luz, pero ésta es "más seria y ambiciosa". Tiene unas cinco mil entradas y de cada insulto se da información detallada sobre su origen, los lugares donde se utiliza y las metamorfosis que ha experimentado.
Al consultar esta obra, que publica La Esfera de los libros, se podrá saber que el sonoro "dondorondón" se emplea en Murcia para aludir a "un personaje irreal fastuoso y a la vez ridículo", y que "guarripanda" es sinónimo de "persona puerca" en la provincia de Badajoz.
Chiquilicuatre" era un insulto corriente en el siglo XVIII
Hay insultos "desconocidos por completo", como "gandido", es decir, "muerto de hambre, desgraciado, hambriento y menesteroso que no tiene dónde caerse muerto". En Canarias, "culichichi" se le dice al chismoso o a quien carece de importancia social. En Madrid se llamó "culuchiche" al cursi y también tuvo "el significado adicional de adulón y lameculos". "Viceberzas" se empleaba en el siglo XIX para designar al secretario de un tonto o al que sirve a alguien más idiota que él. Ese término juega con el adverbio viceversa y es lo que Celdrán llama "un insulto de laboratorio".
Chikilicuatre, un insulto de origen valenciano
Rodolfo Chikilicuatre no habrá ganado el concurso de Eurovisión, pero ha logrado dos cosas: que todo el mundo baile el Chiki-chiki y que se haya puesto de moda la voz valenciana "chiquilicuatre", un insulto que ya era corriente en el siglo XVIII y que significa "zascandil, don nadie, pelanas". "También se predica de quien es muy poquita cosa, menguado y raquítico". "Chiquilicuatro", "chipilicuatre" y "chiquilicuá" son otras variantes. La mayoría de las palabras ofensivas que se utilizan en España cobraron "vigor propio" en América.




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