La Audiencia Provincial de Málaga ha condenado a 18 años de prisión a un portero de una discoteca de la capital malagueña por dos delitos de agresión sexual, al haber violado a una cliente cuando salió del local y se disponía a volver a su casa.
Según la sentencia, la víctima, de nacionalidad alemana y 21 años, salió de la discoteca sobre las 5.30 horas y se dirigió a la Alameda Principal para coger un autobús que la llevara a su casa. Cuando estaba en la parada de autobús, llegó un vehículo en el que se encontraba el condenado, de nacionalidad nigeriana, que responde a las iniciales V.E.C., y la invitó a subir al coche, que era conducido por otro compañero.
Tras convencerla, se dirigieron en el vehículo a la barriada del Palo, donde vivía la víctima, pero pasaron de largo y llegaron hasta la localidad malagueña de Rincón de la Victoria, con la excusa de que tenían que ir antes a otro lugar.
Fue entonces cuando el condenado y su compañero obligaron a la joven a mantener relaciones sexuales, intercambiándose ambos para violarla.
Según los hechos probados, una vez que terminó la violación, se dirigieron de nuevo a la barriada de El Palo y mientras que el compañero conducía, el ahora condenado obligó de nuevo a la víctima a practicarle una felación en el asiento trasero del vehículo.
Por todo ello, el Ministerio Fiscal considera los hechos constitutivos de dos delitos de agresión sexual, por el primero le condena a doce años de prisión y por el segundo a seis años de cárcel. Además, se establece una indemnización a la víctima de 60.000 euros por el perjuicio moral causado.
Catorce años de cárcel para un padre que violaba a su hija
La Audiencia Provincial de Málaga también ha condenado, a 14 años y tres meses de prisión, a un vecino de otra localidad malagueña, Nerja, por violar a su hija de 14 años, hechos que se llegaban a repetir hasta 2 ó 3 veces por semana.
Según la sentencia, el condenado, que responde a las iniciales M.C.E.J., aprovechaba que su mujer y su otro hijo se acostaban para obligar a su hija, que por aquel entonces tenía 14 años -los hechos ocurrieron en 2002-, a mantener relaciones sexuales.
Según los hechos probados, una noche la mujer del condenado irrumpió en el salón, donde se producía la violación, y notó un comportamiento extraño en su hija, por lo que decidió poner cerrojos en las habitaciones y, poco después, la pareja se separó.
Fue entonces cuando acabaron las violaciones, pero en julio de 2006, el condenado volvió a llamar por teléfono a la hija para convencerla de que tuviera relaciones sexuales y ésta decidió contárselo a su madre e ir a la Policía.
Los propios agentes oyeron una de las conversaciones telefónicas del condenado, en la que invitaba a su hija, que ya tenía 19 años, a repetir las escenas de años anteriores.
Asimismo, se impone una orden de alejamiento de quinientos metros de la víctima para el condenado.




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