Pese al secreto de sumario, las escuchas telefónicas realizadas por la policía han desvelado que el personal de las cuatro clínicas abortivas del grupo Ginedemex investigadas en Barcelona utilizaba la palabra «rompecocos» como sinónimo de aborto, en frases tan descarnadas como ésta: «Hoy he hecho cinco rompecocos».
Además, gracias a la grabación de las conversaciones telefónicas con los pacientes, se ha descubierto que los médicos aceptaban hacer abortos hasta en el octavo mes de embarazo.
De hecho, según han informado fuentes de la investigación, dos de las clínicas tenían escondidas máquinas trituradoras de fetos en los lavabos de sus instalaciones, conectadas a un desagüe similar al de un inodoro para evacuar los restos humanos, ya convertidos en una masa de pasta.
La asociación E-Cristians denunció ayer la «inexplicable» actuación de Sanitat, que «en ningún momento ha controlado los abortos», dicen.
Y por otra parte, desde la Xarxa de Dones per la Salut se tachó la detención de estos médicos como un ataque al derecho del aborto.


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