El militar derechista, Otto Pérez Molina, y el centroizquierdista, Álvaro Colom, llegan a las elecciones en una cerrada competencia en las encuestas, que durante la semana han dado una ligera ventaja a uno y a otro.
Ambos se enfrentan en segunda vuelta electoral después de que en la primera, celebrada en septiembre, ninguno obtuviera la mayoría necesaria para alzarse con el triunfo.
'Aquí votamos a Colom, aquí la gente no quiere militares', dijo Miguel Ángel Trianda, un maestro de 26 años, antes de votar en Santiago Atitlán, un pintoresco poblado ubicado a orillas del Lago Atitlán, atractivo para los paseantes por estar rodeado de cuatro volcanes.
'Aquí muy cerca pasaron cosas horribles', agregó Trianda, al referirse a la masacre de Panajab, otro poblado cercano y que al comienzo de la década de 1990 fue escenario de una de las últimas masacres de la guerra civil que vivió el país entre 1960 y 1996.
La ronda final para definir la presidencia llega precedida de una ola de violencia que ha dejado medio centenar de muertos - entre políticos y activistas - en el último año y medio.
En el último episodio de violencia, un observador de la Unidad Nacional por la Esperanza - el partido de Colom - murió en medio de un tiroteo en Coatepeque, al este del país.
NADA DE LO DEL PASADO
Los cerca de 2.000 centros de votación abrieron a las 7:00 horas local (13:00 GMT) y no cerrarán hasta las 18:00 horas para recibir a los 5,9 millones de ciudadanos habilitados para votar.
En la primera ronda participó un 60 por ciento del electorado, en un país donde el sufragio no es obligatorio y mucha población indígena y campesina debe hacer viajes de varias horas desde el campo para llegar a su centro de votación.
El Tribunal Supremo Electoral dijo que los primeros resultados de la votación se publicarán a las 21:00 hora local y que para la medianoche ya podría conocerse al sucesor del neoliberal Oscar Berger, por un período de cuatro años.
Pérez Molina ha prometido establecer el estado de excepción, aplicar la pena de muerte y utilizar al Ejército para acabar con la delincuencia que está fuera de control, sobre todo por parte de las 'maras' o pandillas juveniles que controlan barrios enteros.
'Lo prefiero' (a Pérez Molina), dijo Andrea Chiviliu, una ama de casa de 29 años, ataviada con un traje indígena. 'Creo que por envidia de su carácter es que dicen cosas malas de él, quiera Dios que no suceda nada de lo del pasado', agregó.
Colom ha advertido que un Gobierno de Pérez Molina hará retroceder al país a los tiempos de la sangrienta guerra civil que dejó cerca de 200.000 muertos y durante la cual el general retirado fue jefe de la temida unidad de inteligencia militar.
Los guatemaltecos no buscan sólo seguridad, sino un presidente que acabe con la extendida pobreza que afecta a la mitad de la población, donde un gran porcentaje son indígenas mayas.
/Por Anahí Ramav/.*.




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