¡Difícil de mirar! Las escenas que han provocado náuseas en cines

  • El viernes 17 de marzo se estrena la francesa 'Crudo' cuyas escenas de canibalismo provocaron desmayos en Toronto.
  • 'Swiss Army Man', con Daniel Radcliffe y premiada en Sitges, se estrenó recientemente, en muy pocas salas, y ofrece una imagen inusual del actor.
  • 'Kuso' es lo último en cuanto a películas que han escandalizado. Se suma a una larga lista de títulos como 'A Serbian Film', 'Martyrs', 'Holocausto caníbal' o 'La pasión de Cristo'.
  • FOTOS: Las escenas que provocan vómitos y desmayos en el cine.

Un reto para los amantes de las emociones fuertes en la pantalla: las películas que han provocado mareos o algún vómito en los cines. También es una estrategia añadida de promoción, como la que ha recibido Crudo (Grave) y que llega a nuestros cines este viernes 17 de marzo bajo el leiv motiv publicitario de "la película que causó desmayos en Toronto". Dirigida por la directora parisina Julia Ducournau recurre al canibalismo para tratar sobre el despertar sexual de una joven, y sobre los deseos de rebelarse contra las normas de sumisión.

La noticia más reciente en lo de provocar estragos entre el público se llama Kuso, un filme de ciencia-ficción sobre mutantes que provocó unas cuantas decenas de deserciones en su pase en Sundance. Es la sucesora de Swiss Army Man —mejor película y mejor actor (Daniel Radcliffe) en Sitges y estrenada el 24 de febrero, en un número limitado de salas, en nuestros cines—, que en la edición de 2016 de Sundance hizo que más de un espectador abandonara la sala. No es para menos, ver a quien fuera el célebre Harry Potter convertido en un cadáver flatulento y con erecciones incontrolables no es lo que uno esperaría del bueno de Radcliffe. Sus ventosidades sirven, por ejemplo, para impulsarse como si fuera una moto acuática.

'Saló o los 120 días de Sodoma', 'Pink Flamingos' o 'Martyrs' son clásicos en un género que suscita debates sobre los límites de lo permisible, lo que se debe mostrar o no Siempre ha habido cineastas decididos a alcanzar lugares donde nadie había llegado antes, y no es Star Trek sino las ansías por mostrar en pantalla las escenas más crudas, gore y nauseabundas que se hayan rodado. Desde el ojo de una mujer seccionado por una navaja en el corto  surrealista Un perro andaluz (1929) de Luis Buñuel, a todo tipo de atrocidades inhumanas que exhibía el italiano Pier Paolo Passolini en Saló o los 120 días de Sodoma (1975). Aún hoy es considerado uno de los clásicos en el asunto. Ni Hostel ni la saga Saw, pese a su sadismo, lograron plasmar escenas tan icónicas como la de la mujer empalada en el falso documental Holocausto Caníbal (1980), o la tortura con agujas de Audition (1999) dirigida por el japonés Takashi Miike y en una escena que solo la iguala en cuanto a repelús la austriaca Goodnight Mommy (2014).

Igualmente "mítica" es la escena de Pink Flamingos (1972), puro cine underground a cargo de John Waters, en que la drag queen Divine se zampaba sin trampa ni cartón el excremento que un dulce perrito acababa de depositar en el suelo. Si nos mantenemos en los 70, no se fíen del título de Sweet Movie ("Película dulce") de 1974 porque se trataba de otro artefacto fílmico muy incómodo de ver, una crítica a capitalismo y comunismo aderezada con escenas de sexo provocador, onanismo, coprofagia —comer heces— y emetofilia —excitación con vómitos—. Para gourmets de lo más cochino.

Entre lo más asquerosillo que ha engendrado el cine, más o menos comercial, de los últimos años se hace difícil superar la francesa Martyrs (2008) en la que una secta ha decidido experimentar con temas místicos, torturando y despellejando vivas a jóvenes  vírgenes. Ni siquiera uno de los pioneros del gore, el fallecido Herschell Gordon Lewis, lo hubiera hecho mejor. Aunque para gamberradas repugnantes no se quedaba corta Bloodysucking Freaks (1976) dirigida por Joel M. Reed —también conocida como The Incredible Torture Show— , un exageradísimo catálogo de horrores, no exento de un extraño humor y misoginia, con ojos arrancados, guillotinas, trepanaciones y mujeres azotadas o utilizadas como mesa o diana a la que lanzar los dardos.

En la alemana The Human Centipede (200), el doctor protagonistsa era un iluminado loco que pretendía crear su obra maestra de la naturaleza, un ciempiés humano hecho con personas vivas, de manera que el primero se alimentaba bien, pero las que le seguían, con la boca cosida a la parte trasera menos noble, debían nutrirse de las defecaciones. En su empeño por llegar más lejos, el director holandés Tom Six aumentó en sus dos secuelas siguientes el número de ejemplares humanos a los que podía convertir en quilópodos descomunales. Tampoco de timorata pecó Bite (2015), con una chica transformándose en insecto y que habría hecho las delicias del Cronenberg de los viejos tiempos.

En los límites de lo permisible

A Mel Gibson como director lo que le va es retratar el lado más sanguinario y despiadado de la naturaleza humana. Las guerras no son bonitas ni gloriosas como recrea en las impresionantes escenas de batalla de Hasta el último hombre; pero su gran hito sigue siendo La pasión de Cristo (2004) en ella nos mostró con el máximo realismo posible el tormento que debió sufrir Jesucristo. Fue un taquillazo, y de paso reavivó el debate sobre la ética y la pornografía, sobre lo que debía o no mostrarse en pantalla.

Aún más dura, más polémica, fue A Serbian Film (2010) en la que un actor porno, casado y con un hijo, acepta un último proyecto para ganar un montón de pasta. Un día despierta solo en su cama sin recordar lo sucedido. En su investigación descubrirá todo lo sucedido durante el rodaje de esa snuff movie, y será para ponerle a uno los pelos de punta. Su proyección en Sitges le costó a su director, Ángel Sala, una denuncia por un presunto delito de pornografía infantil (que quedó archivada) porque contenía una (brevísima y no explícita) escena con un recién nacido víctima ya de un abuso sexual nada más salir del útero de su madre. Decididamente, la Guerra de los Balcanes había provocado secuelas y daños irreparables.

Los límites también fueron puestos a prueba durante los 9 minutos que duraba el plano secuencia con la violación del personaje de Monica Bellucci en Irreversible (2002) del argentino Gaspar Noé. Dejaba en paños menores a otros momentos similares como el de La naranja mecánica (1971) o La última casa a la izquierda (1972) que causaron tanto revuelo durante su estreno.

Hannibal Lecter y clásicos españoles

Muy atrevida fue una de las escenas finales de Hannibal (2001), un blockbuster en el que el Dr. Lecter (Anthony Hopkins) dejaba al descubierto el cerebro de un agente corrupto (Ray Liotta) y le obligaba a comerse pedacitos de él. Por su lado, el director Danny Boyle impactó con 127 horas, en el que un alpinista debía cortarse su brazo derecho para liberarse de la roca en la que había quedado atrapado.

En producciones españolas, un variado repertorio. En Lo imposible (2012) la herida en la pierna de Naomi Watts provocó algún vahído en las salas. Décadas atrás, en 1981 El crimen de Cuenca dirigida por Pilar Miró se convirtió en un inesperado éxito en nuestros cines en gran parte gracias al morbo de sus escenas de tortura, las infligidas por la Guardia Civil a un par de desgraciados, en esta crónica negra de a principios del siglo XX, acusados de un asesinato que no habían cometido.

El slasher Mil gritos tiene la noche (1982) dirigida por el valenciano Juan Piquer Simón no tenía nada que envidiar a Viernes 13, y bajo el título anglosajón de Pieces es una obra aún de culto a nivel internacional por los fans del género. Sin embargo, cabe recordar que a Michael Haneke le bastaba simplemente con no mostrar —dejando que fuera la imaginación la que trabajara—, para provocar una terrible desazón con Funny Games (1997).

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