La Policía disparó proyectiles de goma y gas lacrimógeno contra los vecinos que protestaban, algunos de ellos mujeres y niños, y cargó contra los manifestantes de este poblado situado a unos 15 kilómetros de Madrid donde residen unas 30.000 personas, muchos inmigrantes de Marruecos y Rumanía.
'Son animales', gritaba un anciano a la Policía mientras las cámaras de televisión grababan la destrucción de una casa de ladrillo.
Docenas de casas más resultaron destruidas, ya que según el Ayuntamiento son ilegales.
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha prometido acabar con el chabolismo en la capital y realojar a las familias.
El pasado 9 de octubre ya se derribaron unas 25 casas en la Cañada Real, muchas de ellas construidas con puertas y ventanas viejas. Sus residentes dijeron que sus pertenencias aún estaban dentro cuando fueron destruidas.


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