El dueño del restaurante Can Mià de Palol de Revardit (Girona), Pere Mià, se ha paseado esta mañana por las calles de Girona simulando un Via Crucis por, según dice, la "gran cantidad" de trámites que tiene que hacer para recurrir una multa de 21.000 euros.
La sanción que le fue impuesta por una inspectora de Trabajo se ha convertido para él en "un calvario".
Se le abrió expediente porque la inspectora creyó que su cuñado, que hacia 27 años que vivía en el restaurante con la familia pero no estaba casado con su compañera sentimental, no era miembro de la familia.
Por ello la administración consideró que el propietario del restaurante estaba obligado a hacerle un contrato.
Inspección le sancionó con 21.000 euros por el supuesto fraude que había causado a la Tesorería del Estado.




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