Montse García sufrió un accidente hace diez años. Tuvo que aprender a vivir de nuevo. Un nuevo piso adaptado a su paraplejia, una silla de ruedas para soportar sus piernas inertes. Paradójicamente, también un coche y un carné.
El día del accidente no conducía. Ahora no se puede despegar del volante, porque los autobuses y el metro no son, al menos para ella, un servicio público.
Desde este fin de semana colabora con la DGT en su nueva campaña contra el alcohol en carretera para ser la cara, junto a 109 voluntarios más de la Asociación de Lesionados Medulares Aspaym, de las consecuencias de una mezcla altamente peligrosa.
-¿Qué supuso el accidente en su vida?
Una vuelta a empezar. De cero. La paraplejia, que me impide mover las piernas, me obligó a aprender a convivir con una silla de ruedas, a conducir para ir a todos sitios. Me cambié de piso a uno adaptado y empecé una nueva vida, como si aprendiese todo otra vez.
-Tuvo que ser un golpe muy duro.
Con el accidente comencé a valorar lo que antes pasaba ante mi vista sin pena ni gloria. ¡Aprendí lo altos que están algunos escalones!
Lo fue, pero no necesité atención psicológica y tuve a toda my familia y a Aspaym a mi lado. Comencé a valorar lo que antes pasaba ante mi vista sin pena ni gloria. ¡Aprendí lo altos que están algunos escalones!
-Las campañas de la DGT son a veces muy duras, con mucha sangre y muy impactantes. Nada que ver con la que desarrolla conjuntamente con Aspaym.
Nosotros optamos por el diálogo, aunque creo que todas sirven. A la gente le llaman mucho la atención los anuncios y saben que el objetivo es salvar vidas. Yo creo que la clave está en la educación, desde pequeños, más que en la sanción.
-Se ha intentado de todo... pero la gente sigue muriendo.
¡Parece que no aprendemos! Los conductores tienen que saber que si se coge el coche no se puede beber nada. Pero nada de nada. Lo que pasa es que casi todo el mundo piensa que algo así no le pasa nunca a uno. Hasta que ocurre.
Casi todo el mundo piensa que algo así no le pasa nunca a uno. Hasta que ocurre.
-¿Hay solución al problema?
Sí la hay y es muy sencilla. No beber. Y si se bebe, no conducir. Quien puede pagarse las copas puede pagarse un taxi o un autobús.
-¿Qué les va a decir a los conductores? ¿Cómo se enfrentará a ellos?
Espero que al verme, en mi silla, se den cuenta de lo peligroso que es conducir habiendo bebido.
Espero que no me tengan miedo. Trataré de hacerles ver que cuando se bebe se asume un riesgo que es mejor no correr. Que dos copas de vino pueden tener graves consecuencias. Espero que al verme, en mi silla, se den cuenta de lo peligroso que es conducir habiendo bebido.
-Las palabras de Aznar hace unas semanas no parecen ir en sintonía con la campaña que impulsan.
No me parecen nada coherentes. Lo que tenemos que hacer es educar a la sociedad. Me da igual que sea Aznar quien diga estas cosas o que sea una persona anónima. No ayudan en nada.

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