'No hay problema, aún es más barato que el agua mineral', dijo Shahrooz Taebi, un ingeniero de 35 años, mientras llenaba el depósito de su Peugeot de aspecto nuevo en una gasolinera en el centro de Teherán.
Tras días de confusión, el Gobierno anunció a última hora del lunes que el precio del carburante, que cuenta con importantes subvenciones estatales, subiría el día siguiente a 1.000 riales (unos 11 centavos estadounidenses) por litro desde los 800 riales que costaba, pero que se retrasaría el planeado racionamiento.
Irán importa casi el 40 por ciento de la gasolina que necesita debido a la falta de capacidad de refinado y los subsidios del carburante son un gran gasto para las arcas estatales del segundo productor de la OPEP, lo que ha obligado al Gobierno a tomar medidas pese a arriesgarse a que aumente la ira entre algunos votantes.
El Gobierno del presidente Mahmud Ahmadineyad dice que racionar y subir el precio ayudará a reducir la gran dependencia iraní en las costosas importaciones, en particular cuando Teherán afronte las medidas punitivas de las Naciones Unidas por su disputado programa atómico.
Las potencias mundiales ya han impuesto dos tandas de sanciones sobre Irán al negarse a frenar su actividad nuclear, que temen que esté destinada a la fabricación de bombas atómicas. Estados Unidos ha dicho que la dependencia de Irán en las importaciones de petróleo daban a Washington 'una acción de palanca'.
/Por Fredrik Dahl/


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