Uribe recordó que su «inquebrantable voluntad es la de derrotar a las FARC, a estos terroristas que han maltratado al pueblo colombiano como los nazis maltrataron a tantos europeos». El presidente Uribe hace así caso omiso de la petición de su homólogo francés, Nicolás Sarkozy, que le ha pedido que negocie con las FARC la liberación de Betancourt antes de emprender un rescate militar. Uribe, no obstante, se mostró «respetuoso y receptivo» con las iniciativas que lleguen de Francia Sarkozy, por su parte, mantuvo el sábado en París un encuentro con los dos hijos de Betancourt, a los que garantizó que traería a su madre de vuelta a casa.
Se encuentra bien
John Frank Pinchao, el militar que consiguió escaparse la semana pasada de las FARC tras ocho años de cautiverio, ha explicado que Betancourt se encuentra bien de salud, aunque algo desnutrida. El militar ha asegurado que la política ha intentado fugarse varias veces y que se ha recuperado de una hepatitis. Pinchao también ha afirmado que si el Ejército intenta liberar a los rehenes, las FARC los ejecutarán.
El grupo guerrillero liberó ayer a la colombiana Diana Peña, de 36 años, secuestrada el miércoles en la ciudad de Córdoba, aunque mantiene retenido a su marido, un ingeniero sueco.
687 secuestros en 2006 en Colombia
Amnistía Internacional cifra en 2.000 las personas secuestradas en Colombia entre 2004 y 2005, y la organización País Libre suma otras 687 en 2006. En Latinoarmérica, la industria del secuestro mueve 615 millones de euros al año. Un ejemplo son los tres millones que las FARC piden por la liberación del ingeniero español Enrique Vindel. Argentina, Chile, Perú y Guatemala suman casi 100.000 secuestrados desde 1980.
Ingrid Betancourt
Más de cinco años de secuestro
Nació en Bogotá hace 46 años. La vena política la heredó de su padre, Gabriel Betancourt, que fue ministro de Educación y diplomático. Estudió Políticas en París.
Su compañero de secuestro, el militar Jonh Frank Pinchao, la ha definido como «valiente y aguerrida». Su juventud la pasó en París, y en 1990 regresó a Colombia para dedicarse a la política. Tras trabajar en varios ministerios, fue senadora, donde se convirtió en la peor pesadilla del presidente Ernesto Samper, al que acusó de financiar su campaña con dinero del narcotráfico. Fue secuestrada en febrero de 2002 mientras preparaba su candidatura a la Presidencia de Colombia.

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