Decidieron acercarse a la finca, frecuentada por mendigos y drogadictos, donde fueron recibidos por un cachorro de galgo en actitud cariñosa, que como si de una llamada de socorro se tratase, se dejó coger. El cachorro presentaba un aspecto horrible: lleno de pulgas, no conservaba apenas pelo: «Era pura sarna», según confirmaría después una veterinaria.
Marta y su marido hallaron en el lugar a otro animal. Era un galgo afgano moribundo, tumbado en una pequeña habitación llena de bolsas de basura.
Una rápida exploración del lugar les dejó un sinfín de imágenes horrendas: habitaciones llenas de excrementos de perros y restos putrefactos de dos galgos, uno dentro de un pozo lleno de basura y otro del que sólo quedaba el cráneo.
Maurice y Chevalier, que es como fueron bautizados los dos galgos supervivientes, tuvieron un final feliz y se encuentran en perfecto estado.

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