Ha sucedido en Lisboa (Portugal).
Un aristócrata portugués, soltero y sin hijos, eligió al azar a los que serían sus heredederos entre los miles de nombres que aparecen en la guía teléfonica, según la prensa local y recoge la página emol.
La semana pasada murió a los 42, dejando a 70 personas a las que nunca había conocido una vivienda con doce habitaciones en el centro de la capital lusa, así como una casa en Guimaraes (al norte del país) y un automóvil valorado en 70.000 dólares, entre otras pertenencias.
Sus herederos, que no habían sido informados previamente de la última voluntad del aristócrata, pensaron que todo se trataba de una broma pesada al ser llamados por el notario.
Éste asegura que cuando Noronha dispuso su testamento, estaba en su sano juicio.




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