Su rostro es una nevada caída sobre la noche. La piel blanca y el pelo dorado le caen sobre su vestido, negro, como el futuro que veía en Rusia. Por eso vino.
Rasputín es su bar, donde hay 130 tipos de vodka que meterse al pecho bajo la estólida mirada del brujo del zar o el recio mentón de Lenin. Un Nemiroff de Ucrania, con jarabe, o uno de San Petersburgo: el Estandarte Ruso. En Rasputín, en la calle Escuza, 22 bis, la clientela se aficiona al vodka. «Hoy probaré este», le piden. «Nunca pensé que un vasco degustaría un buen trago ruso». Aquí también le sorprende el poteo. «En Rusia uno siempre va al mismo bar, y bebe hasta morir».
«No hagáis caso a la TV». «Sí, en Moscú hay 200 sin vergüenzas, pero el alma rusa es valiente, abierta y pendiente de los suyos». Esta profesora de historia pide conocer Rusia yendo, o si no, en libros de Dostoievsky. A ella se la puede conocer tras la barra de Rasputín o de pinchos, que le encantan.


El FMI dice que España no le ha pedido apoyo financiero
Merkel pide tener confianza en las reformas de España
El Gobierno admite cambios a la reforma financiera
Carmen Thyssen: "Quizás soy millonaria en arte, pero no en liquidez"
Pedro Rodríguez: "El único '7' de España es Villa"
Darle vida al salón combinando los colores
Llegan a Madrid los cuerpos de los hermanos muertos en Catar
Jordi Savall recibe el premio Léonie Sonning
¡Sé el primero en hacerlo!