¿Por qué largas distancias?
Empecé en natación de piscina y hasta 1996 fui campeón de España de 400, 1.500, 400 m estilos... En verano de ese año conocí este deporte, disputé mi primera Copa del Mundo, la gané y prometí que sólo me dedicaría a la larga distancia.
¿Tenía más rivales en la natación convencional?
Soy muy delgadito y fibroso, y la piscina se me quedaba corta. Tenía rivales, pero creo que acerté al cambiar. Es mucho más aventurero, más bonito, más sufrido, más peligroso, con calor, olas, medusas... Es riesgo y un deporte extremo a la vez.
¿Practica más deportes?
No, no me dejan. Cualquier cosa es un deporte de riesgo para mis patrocinadores.
¿Qué es lo peor que le ha ocurrido en sus aventuras?
Las competiciones oficiales las suelen vigilar bastante y vamos con embarcaciones que no dejan que ocurra nada. Pero recuerdo que dos días antes de ganar mi primera medalla en el mundial de 1998, en Perth (Australia), unos tiburones blancos le habían comido las piernas a unos surfistas en la misma playa. Había helicópteros, un francotirador en cada embarcación, por si veían moverse algo, cámaras subacuáticas... He nadado también en el Nilo, el río más contaminado del mundo. Ya no hay animales, pero sí un ser microscópico en la arena que si se te mete en la piel te destroza. Nadé en el Amazonas, con pirañas que no te suelen atacar si no te paras..., pero quién no se para en diez horas de carrera.
¿Cuál le gustó más?
La fuga de Alcatraz. Se trataba de demostrar que podía escapar y llegar de la isla a la costa de San Francisco con grilletes en los pies. Hay tres dificultades: las corrientes, la hipotermia y los tiburones.
¿A quién se le ocurren todos estos retos?
Casi todos a mí. En tantas horas de soledad nadando, la mente te va dando vueltas.
¿Y el próximo?
Tengo muchos, pero me falta tiempo. El 1 de septiembre intentaré el récord del mundo del Canal de La Mancha, de Inglaterra a Francia, y, sí o sí, este año quiero intentar unir la Península y Baleares.
¿Hay algún deporte más duro que el que usted practica?
Hay muchos deportes duros, pero psicológicamente no lo sé. En la larga distancia estás tú y tú y no puedes hablar con nadie. Además, me da mucho miedo todo lo que hay por debajo de mí y me pongo gafas negras. Imagínate, más de 30 horas sin poder hablar con nadie y sin ver casi nada.
¿De dónde viene su miedo a «lo que hay por debajo»?
Creo que a todos nos da miedo, pero yo me transformo. Cuando afronto un reto sé que voy a sufrir. No me gusta ver peces nadando debajo de mí, ni algas ni medusas.
¿Algún percance serio con un bicho de éstos?
Me han picado muchísimas medusas y por eso vas con miedo, porque sabes que están ahí y que duele. Me han podido picar hasta veinte en una competición.
¿Y se pasa miedo de verdad?
Sí, sobre todo de noche. Cuando hice lo de Alcatraz me engañaron. Me dijeron que sólo había tiburones grises y luego vi desde un helicóptero cómo soltaban un trozo de carne y saltaban a por él tiburones blancos de varios metros.
¿Todo esto da para vivir bien?
Sí, pero en el fondo no lo hago por el dinero. Lo hago porque me gusta y no veo aún el final de mi carrera deportiva. Nadaré hasta que pierda la ilusión. Me motivo con las medallas: me las pongo todas juntas a los pies de mi cama y me levanto con más ánimo.
¿Tiene ratos libres?
No. Me entreno ocho horas al día en sesiones de mañana, mediodía y tarde.
¿Se ha encontrado a alguien similar a usted?
Nadando, tan loco como yo, no. Pero seguro que lo hay.
¿Y alguna mujer?
Hay una, española, que para mí ha sido una referencia: Montserrat Treserras, que en la época de Franco ya nadaba largas distancias. Me ha motivado y ha venido conmigo a algunos de los retos.
¿Tiene usted relevo?
Sí, hay mucha gente joven fuerte. Además, el español lleva dentro el sufrimiento.
Al margen de la natación, dice que tiene otras caras...
La que más me gusta es la cara nadadora, pero el cine no está mal. Este año he hecho dos películas. Una se estrena a finales de mayo, se llama Sitges Nagasaki y es una comedia. También he rodado Por debajo de las aguas, una pasada de película de terror.
Fui a los EE UU a estudiar cine, pero eso para el día de mañana.
¿Y la tele?
Come mucho tiempo, pero me encanta, aunque no quiero estar en el deporte y que no salga bien, porque luego la gente te critica. Hay que ir con mucho cuidado.
Pimpampum
¿Un libro?
Cualquiera de Stephen King.
¿Una comida?
Pimientos del Piquillo rellenos de marisco.
¿Una película?
Titanic, pero con otro final: salvaría a la chica y llegaría nadando a la costa.
¿Un actor?
Robert De Niro.
¿Una actriz?
Julia Roberts.
¿Un día perfecto?
Con una siesta muy larga, pero todos los días son bonitos.
¿Qué detesta?
La mentira y la envidia.
¿A quién admira?
A los deportistas paralímpicos.
¿Un lugar para vivir?
Me encanta donde vivo, Bellaterra, un paraíso.
¿Algún reto imposible?
No hay ninguno.
BIO
David Meca Medina nació en Sabadell el 1 de febrero de 1974. Mide 1,80 m y pesa 66 kg. Suma más de 100 títulos internacionales en pruebas de larga distancia en aguas abiertas, entre ellos 28 títulos mundiales. Fue número uno del ranking mundial de 1998 a 2000. Campeón del mundo absoluto en 1998 y 2000. Fue el primer nadador que ganó 4 medallas en unos mundiales.


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