El cardenal Joseph Ratzinger, un teólogo veterano con reputación de tradicionalista aguerrido, fue elevado al papado tras la muerte de Juan Pablo II.
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'Cómo pasa el tiempo', dijo Benedicto XVI a unos 60.000 peregrinos concentrados en la plaza de San Pedro para su audiencia general semanal.
'Ya ha transcurrido un año desde que los cardenales reunidos en cónclave me eligieron de manera inesperada y sorprendente, para suceder al adorado siervo de Dios, al gran Papa Juan Pablo II', dijo entre grandes aplausos.
'Os pido a todos que continuéis apoyándome, rezando a Dios que me deje ser un pastor moderado y firme de su Iglesia'.
Miles de personas llenaron la Plaza de San Pedro y se acercaban a las vallas para poder tocar la mano del Pontífice, que dio un paseo en coche por el lugar.
La elección de Ratzinger el 19 de abril de 2005 fue celebrada por el repicar de las gigantescas campanas del Vaticano, pero no todo el mundo estaba contento con que el hombre apodado 'el rottweiler de Dios' se hubiera convertido en Papa y muchos temían que lanzara un feroz ataque contra los liberales de la Iglesia.
Sin embargo, durante el último año Benedicto XVI ha confundido a sus críticos, mostrando al mundo su lado generoso, apareciendo abierto al diálogo con los disidentes y demostrando ser sorprendentemente popular.
FLEXIBILIDAD
Algunos hombres de la Iglesia esperaban que el Pontífice alemán fuese más enérgico en su primer año y que hiciese cambios radicales en la Curia, la administración central del Vaticano que se fue volviendo más rígida y formal durante el largo papado de Juan Pablo II.
Pero hasta ahora ha hecho pocos cambios, y está tomando una actitud flexible para enfrentarse a los numerosos problemas de la Iglesia.
'Vivimos en una época en la que la gente piensa que todo tiene que trabajar como una máquina de Coca-Cola. Metes dinero e inmediatamente sacas algo. Pues la Iglesia no es así', dijo Eduardo Fernández, un estudiante de 38 años de Ciudad de México.
'El nuevo Papa está haciendo lo que hay que hacer. Está guiando a la Iglesia. Es una vocación, no una profesión, por lo que no esperen una gratificación inmediata'.
Pero no todo el mundo en la enorme explanada adoquinada estaba contento con el primer año de Benedicto XVI.
'Como persona está bien, como modelo está bien, pero como gerente de la Iglesia Católica está dejando que la jerarquía se hunda', dijo Carl Ridgeway, un profesor jubilado estadounidense.
'La mayoría de los sacerdotes son viejos, los jóvenes no quieren ser sacerdotes. Si las cosas no cambian rápidamente, nuestra Iglesia estará muerta en 10 años'.
/Por Crispian Balmer/

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