El problema es que los falleros, con permiso y aliento de la autoridad, abusan cada año más del ‘la calle es mía’ (éste, por ejemplo, con enganche de luces a un andamio y depósitos de gasóleo en la calle, que el Ayuntamiento iba a permitir), y se ha llegado a un punto en el que cada vez hay más valencianos que odian la fiesta. Véanse los foros de 20minutos.es, donde madrileños, maños y catalanes escriben encantados de las Fallas (del 12 al 19 de marzo, según la tradición) y lectores valencianos les responden echando pestes (en realidad, de los 15 días previos). Lo más triste es tener que recurrir a los juzgados por tener un Ayuntamiento incapaz de decir no a los falleros.
Rebelión en las Fallas
Los vecinos de Valencia empiezan a ir a los juzgados a exigir lo que el Ayuntamiento se niega a garantizarles, vivir tranquilos fuera de la semana de Fallas. Les califican de antifalleros y antivalencianos, pero son sólo honrados ciudadanos, la mayoría dispuestos no sólo a soportar, sino a participar en los tradicionales cinco o siete días de nuestra fiesta, ruidosa y caótica por naturaleza.




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