Morir por trabajar

El fallecimiento ayer de dos obreros heridos en la explosión del jueves pasado en Burgos eleva ya a diez las víctimas mortales del siniestro. El caso resulta particularmente indignante por las circunstancias que lo rodean: los trabajadores utilizaban un almacén donde se guardaba combustible y alguna sustancia inflamable como vestuario. Una chispa o una colilla pudieron ser la causa del desastre.

Lo peor es que parecemos resignados a aceptar como inevitables unos hechos que deberíamos combatir con todas las armas a nuestro alcance. Empezando por la adopción de medidas preventivas mucho más eficaces que las actuales, siguiendo con la concienciación de trabajadores y empresarios sobre la necesaria lucha contra los riesgos laborales y acabando, de una vez por todas, con sanciones ejemplares y proporcionales a la magnitud del problema social al que nos estamos enfrentando.

La construcción y el transporte son los sectores con más muertes por accidente laboral: suman la mitad de los fallecidos en esas circunstancias en 2004. Y por lo que respecta a los trabajadores, siete de cada diez ven el riesgo de tener un accidente por el exceso de confianza, según una encuesta conocida ayer. Ya sabemos por dónde podemos empezar a actuar. Hagámoslo.

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