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El efecto primavera

La llegada de las pardelas marca el comienzo de la nueva estación en Canarias

Con los almendros floridos en todo el país, la naturaleza sale de su letargo invernal y los verdes comienzan por fin a ganar la batalla a los ocres. La llegada de golondrinas y aviones, el jolgorio mañanero de los gorriones o la aparición de los primeros narcisos en las praderas marca este renacer de la vida ante el que nadie permanece impasible. En Canarias, sin embargo, sus anunciadores son las pardelas cenicientas. Unas extraordinarias aves marinas que están llegando ahora a este rincón del Atlántico tras pasar cinco meses en el mar sin tocar tierra firme. Su canto nocturno, semejante al lloro de un niño, me produce siempre escalofríos, pero también una extraña sensación de libertad. En todo el archipiélago crían 30.000 parejas, aunque su número está en retroceso por culpa de la imparable urbanización de la costa y la sobrepesca. El domingo pasado vi más de 150 frente a la isla de Lobos, entre Lanzarote y Fuerteventura, esperando a la caída del sol para buscar huras donde iniciar la reproducción. Al mismo tiempo, una golondrina sobrevolaba decidida por encima de las olas camino de Europa, y supe que la primavera había comenzado. Astronómicamente, la llegada oficial de esta estación coincide con la del equinoccio y con el primer día del primer signo del Zodiaco, Aries; lo que ocurrirá el próximo lunes, día 20, a las 19 horas, 26 minutos y 36 segundos, hora peninsular, para ser exactos. Un día antes es San José, dando así por bueno el refrán de que «el esposo de María hace la noche igual al día». Más luz, más calor y más savia recorriendo bulliciosa nuestras venas. Es el efecto primavera. Disfrútenlo.

cjpalacios@wanadoo.es

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