Amor a los mayores

Hay profesiones que no se pueden ejercer sin un mínimo de vocación. No se basan en cumplir las ocho horas y hasta mañana, hay que volcarse en cuerpo y alma. En las residencias de la tercera edad toda persona que trabaje debe tener vocación y gustarle su trabajo. Los ancianos son como los niños, necesitan mucho cariño y quien no se lo pueda dar no debería ejercer ese trabajo. Se conocen verdaderas atrocidades con estas personas, que indefensas, tienen que soportar malos modos de gente que no tenía que estar allí.

Es corriente que se cierren residencias por malos tratos, desidia o dejadez. Visito frecuentemente una residencia y se puede apreciar, sólo por las caras de las cuidadoras, las que son felices con el trabajo y las que están allí por tener un empleo. Me dan ganas de dirigirme a alguna y decirle: sé lo difícil que es conseguir trabajo, pero cuando te salga algo mejor, cógelo, esto no es lo tuyo. En mi profesión, con alumnos y alumnas todo el día, sigo a rajatabla una frase de S. Agustín: "Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos".