¿Hay distintos tipos de celos? ¿Tiene algo de positivo esta emoción básica del ser humano?

  • Psiquiatras y psicólogos reconocen lo inherente de los celos con la naturaleza humana.
  • En 2007 un estudio diferenció entre los 'celos reactivos', que bien gestionados pueden fortalecer a la pareja, y los 'celos de sospecha', que suelen destruirla.
  • Los celos jamás nos deben conducir a la obsesión, a la inseguridad y a actuar de una forma injustificada con el otro.
Desde el punto de vista neurobiológico, los celos van más allá de la propia relación de pareja y el sentimiento por esta.
Desde el punto de vista neurobiológico, los celos van más allá de la propia relación de pareja y el sentimiento por esta.
GTRES

Como cualquier emoción, los celos son inevitables, nadie está exento de sentirlos pero, ¿puedes tener algo de positivo? O dicho de otra forma, ¿puede tener una emoción considerada negativa una parte positiva? Por regla general, los celos se consideran enfermizos y el origen de numerosos problemas que pueden poner en jaque el funcionamiento de una pareja e, incluso, terminar con ella. Han sido innumerables los autores que han abordado esta negatividad a lo largo de los siglos. Por ejemplo, el escritor y psicólogo Adrián Triglia dice de ellos que “como las fronteras, aparecen para justificar un dominio sobre lo que nunca se ha poseído”; mientras que el siglo XVIII el autor francés Stanislas de Boufflers consideraba que los celos “son los hermanos del amor, como el diablo es hermano de los ángeles”.

Sin embargo, y pese a su mala fama, los expertos en la mente también han reconocido su irremediable asociación con el ser humano. Por ejemplo, el psiquiatra de origen ruso Boris Sokoloff, uno de los primeros estudiosos del tema, ya opinaba en 1947 que los celos “no sólo están imbricados en la naturaleza humana, sino que son la emoción más básica y omnipresente en todos los aspectos de las relaciones humanas” ya que no solo aparecen en las relaciones de pareja sino también en otros ámbitos como los familiares, los de amistad o en el trabajo.

Pero volvamos al inicio, ¿pueden desempeñar los celos algún papel positivo en las relaciones humanas? Pese a parecer todo lo contrario son varios los estudios que dan un giro a esta creencia. Uno de ellos, elaborado por la Universidad de California y público en la revista Frontiers in Ecology and Evolution buscaba determinar dónde se originan los celos en el cerebro y afirmó que aunque estos provocan dolor físico y psicológico también cumplen una función importante para mantener a las parejas unidas.

Esta investigación realizada con monos tití - el cerebro de estos simios funcionan de forma muy similar al de los humanos- consistió en hacer escáneres cerebrales y análisis de sangre para medir sus cambios hormonales cuando veían a sus parejas con otros simios. Por un lado, el estudio determinó que los monos 'celosos' tenían más actividad en la zona del cerebro conocida como giro cingulado, un área relacionada con el dolor social en los humanos y que normalmente se activa cuando una persona se siente rechazada por otros. Y por otro, que se activaba el septum pellucidum o tabique transparente lateral, un área que se cree tiene un rol predominante en los procesos emocionales y las respuestas al estrés. Además, también experimentaron un aumento en los niveles hormonales de testosterona y cortisol (hormona del estrés).

¿Cuál fue la conclusión a la que llegaron los investigadores? Por un lado señalaron que la unión con una pareja se suele relacionar a las áreas del cerebro conectadas con la memoria social y la recompensa por lo que, a su vez, la conexión de los celos con estas regiones indica que esta emoción puede ayudar a fortalecer el vínculo entre sus miembros.

Dos tipos de celos

Por su parte, en el año 2007, los psicólogos Robert Bringle y Robert Rydell dieron un paso más con un estudio publicado en la revista Social Behavior and Personality en el que establecían dos categorías celos muy distintas entre sí: los celos reactivos (reactive jelousy) que parten de componentes emocionales, y los celos de sospecha (suspicious jelousy), que parten de componentes cognitivos y conductuales. Para los investigadores, los primeros estarían justificados ya que aparecen como reacción a un comportamiento de nuestra pareja que nos parece reprobable (por ejemplo, si le vemos flirteando con otra persona) mientras que los segundos no lo estarían, ya que aparecen sin pruebas de traición o infidelidad y manifiestan, sobre todo, un problema de inseguridad, ansiedad o baja autoestima de la persona que los siente.

Según Bringle y Rydell los celos reactivos son más fuertes en parejas con una fuerte interdependencia y una gran confianza mutua. Para estos psicólogos serían positivos siempre desde el punto de vista de que si aparecen denotan que sientes algo por la otra persona y bien gestionados con ésta provocan que la relación salga fortalecida. Sin embargo, los celos de sospecha hay que evitarlos, ya que no se basan en una realidad y pueden originar múltiples problemas.

Un último estudio publicado en 2012 por la revista Philosophy & Technology y realizado por el investigador del Oxford Uehiro Centre for Practical Ethics Brian Earp aseguraba también que los celos cumplen una función positiva porque liberan oxitocina (también llamada “hormona del amor”) por lo que, de alguna forma, sirven para darnos cuenta del valor real o de lo que nos importa la persona con la que compartimos relación. 

Por supuesto, para el investigador este lado positivo sería tal siempre y cuando los celos se vean como una motivación o una llamada de atención para fortalecer a la pareja. Si por el contrario nos conducen a la obsesión, a la inseguridad y a actuar de una forma injustificada con el otro siempre sería una interpretación incorrecta de esa emoción.

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