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Nazareth Castellanos, neurocientífica: "Al igual que aprendemos un idioma, también podemos aprender a ser más felices"

Nazareth Castellanos, neurocientífica
Nazareth Castellanos, neurocientífica
Cedida

Nazareth Castellanos es neurocientífica y directora de investigación del laboratorio Nirakara y cátedra extraordinaria de Mindfulness y ciencias cognitivas de la Universidad complutense, donde se dedica a estudiar de los mecanismos neuronales implicados en la práctica de la meditación. Además, compagina su labor investigadora con la divulgadora a través de cursos, de las redes sociales y de libros como Alicia y el cerebro maravilloso, en el que explica a niños -y no tan niños- cómo funciona el cerebro y cómo podemos ‘usarlo’ para hacernos sentir mejor.

Hola Nazaret, ‘Alicia y el cerebro maravilloso’ es un cuento para que los niños, y no tan niños, entiendan cómo funciona nuestro cerebro, ¿por qué decidiste escribirlo?

Tengo una hija de cinco años y lo escribí para ella, que además está ahora con el tema de las emociones. Ella ve que en casa tengo la maqueta de un cerebro y que hablo de neuronas y siempre me preguntaba qué era cada parte, cómo funciona... Un día intenté explicárselo y, como precisamente estábamos leyendo Alicia en el país de las maravillas, surgió la idea de hacerle una historia para explicarle qué tenemos en la cabeza, cómo es y cómo le podía servir a ella misma. Y justo me llamaron de Penguin…

¿Ha sido difícil adaptar el nivel, desde un nivel técnico, científico… para que lo entiendan los niños?

Mi hija ha sido mi maestra en este sentido porque, aunque no utilicemos tecnicismos, a veces damos por hecho que se saben muchas cosas. Pero un niño no tiene por qué saber absolutamente nada, y tenía que pensar que cada frase que escribía no tuviera información adicional, tenían que ser frases absolutamente directas. Ella me iba diciendo lo entendía, lo que no… y yo lo adaptaba y volvía a los conceptos más básicos, comparaciones…

“Hay que hacer más hincapié en las bondades que tenemos los seres humanos en lugar de hacer generalidades solo con lo negativo”

Como mejor lo entendió fue diciéndole que tenemos un bosque dentro de la cabeza, que además es una referencia a Ramón y Cajal. Cuando él descubrió las neuronas era un experto en botánica, por eso utilizaba muchas comparaciones entre el mundo vegetal y la anatomía del cerebro. Y es un poco así, porque las neuronas se parecen un poco a árboles que tienen sus ramas, sus raíces, se comunican entre ellas… Cajal llamaba al cerebro el jardín neuronal.

Básicamente, ¿de qué va cuento?

Es un cuento en el que una niña empieza a descubrir qué es lo que tiene dentro de la cabeza, cómo es su cerebro y cómo funciona: cómo son las neuronas, cómo -al igual que nosotros- se comunican entre ellas y se ayudan… Luego descubre cuáles son las zonas más importantes para el aprendizaje, como el hipocampo; se enfada y descubre las zonas de las emociones -amígdala- y, a raíz de ahí, aprende qué tiene que hacer cuando se enfada… Y ahí es donde ella conoce a la reina, que es la atención y aprende a jugar al escondite con ella.

En la introducción del libro afirmas que el cerebro es indulgente, que tiende a la imaginación, que es una gran fuente de insatisfacción vial. ¿Por qué sucede esto?

Es algo que ya lo han dicho los textos históricos de muchas las tradiciones, pero a nivel científico, lo que dice la Universidad de Harvard, es que nuestra mente tiene una capacidad innata de estar constantemente divagando, de irse un pensamiento a otro, y le cuesta mucho mantenerse en uno. Ese vagabundeo mental es una de las principales fuentes de insatisfacción, porque lo que vio Harvard es que las personas que más vagabundean su mente son las que se sienten más insatisfechas con su vida. Ese vagabundeo no se puede suprimir porque, aún no sabemos por qué, pero es importante. Lo que sí dicen los estudios es que no hay que suprimirlo del todo, pero sí intentar reducirlo hay que equilibrarlo, porque nos pasamos la mitad del tiempo que estamos despiertos haciendo una cosa y con la mente en otro lado… Ese porcentaje hay que bajarlo. Estar presente y observarlo siempre será la mejor versión de aquello que nos sucede…

“La meditación cambia la neuroanatomía del cerebro, y esto repercute en muchas facetas de la psicología, en cómo nos vemos a nosotros mismos, en nuestras emociones…”

Aseguras en el cuento que todo se aprende, incluso a estar feliz… ¿Cómo?

Sí, y eso es algo que desde la neurociencia es relativamente novedoso, pues, al contrario de lo que se pensaba, se ha visto que nuestro cerebro puede cambiar a lo largo de toda nuestra vida y que tiene una grandísima plasticidad. Hasta las cosas más arraigadas en nosotros, con esfuerzo, las podemos cambiar, y al igual que aprendemos un idioma o a tocar un instrumento, también podemos aprender a estar mejor, a ser más felices, a ser más generosos. Todo se puede cultivar, hacer crecer una actitud, y la mayoría de las veces, si cultivamos, acaba surgiendo el fruto.

Y también que “Cuando prestas atención, tu cerebro y tu corazón se dan la mano”. ¿Te refieres al mindfulness, atención plena…?

Sí, pero no hace falta que estés meditando, simplemente hay que poner y prestar atención a lo que estás haciendo. Nosotros en el laboratorio estudiamos la interacción entre el cerebro y los órganos, y hemos observado que cuando estamos atendiendo a algo, el cerebro y el corazón se comunican de una forma especial, el cerebro está ‘escuchando’ lo que hace el corazón, tienen una gran comunicación, hay una gran electricidad entre ellos… Si estamos a mil cosas, divagando, no se comunican tan bien, hay menos electricidad en los nervios que los unen.

¿Cómo cambia nuestro cerebro al practicar meditación?

Antes esto en occidente no se entendía muy bien, pero Harvard lleva desde el año 1973 estudiándolo a nivel neuronal y está bastante aceptado que es así. En la cátedra que yo dirijo, hemos hecho experimentos para medir la actividad eléctrica del cerebro en personas que meditan y observamos que hay zonas del cerebro, como la parte frontal, que crece, se hace más fuerte, y esta parte es muy importante porque es lo que se llama ‘el cuartel general’, la parte que está más involucrada en la conducta, en que inhibamos nuestra propia respuesta, en la atención… Es la zona jerárquicamente superior. En las zonas emocionales, por ejemplo, la amígdala se hace un poco más pequeña, y eso está bien, porque normalmente está hiperexcitada y eso significa que estamos muy nerviosos muy reactivos… La meditación cambia la neuroanatomía de las zonas implicadas, no solo en la atención, sino también en la regulación de las emociones y en idea que nosotros tenemos de nosotros mismos. Se producen cambios realmente anatómicos, estructurales, y eso no solo repercute en cuando estamos meditando, sino que son cambios que repercuten en muchas facetas de la psicología.

“En cuanto al funcionamiento del cerebro, aún estamos absolutamente en pañales”

Tu labor divulgativa consiste básicamente en aunar un conocimiento científico ‘puro’ con tradiciones o sabiduría milenaria, como la meditación. ¿Cómo se lo tomó al principio la comunidad científica?

Al principio se lo tomaban mucho como si fuera excentricidad y lo vio con un poco de prudencia, con reservas, y también lo entiendo, porque la meditación se asocia a oriente, con el budismo… cuando en realidad se da en todas las culturas. Con los años se ha visto que es un proceso cognitivo y que todo está basado en la ciencia. También ha ayudado a que una universidad como Harvard le dedique un departamento entero. Yo soy doctora en neurociencia, pero llevo años también divulgando sobre esto porque me parece muy importante.

¿Son la empatía y el altruismo innatas en el ser humano como afirmáis?

Sí, es así, pero los infravaloramos. Solo tenemos que observar y ver cómo reaccionaos cada uno de nosotros cuando vemos qué les pasa a los otros, es algo que no podemos evitar. No valorar esa habilidad en nosotros nos hacer ser incoherentes con nosotros mismos, además, se puede cultivar, porque ser generosos nos hace más felices.

El problema es que muchas veces nos quedamos con lo que escuchamos en los medios y pensamos que el ser humano es horrible, pero es todo lo contrario, hay mucha más gente ayudando que gente haciendo daño, no hay más que ver cómo está reaccionado la gente con la guerra de Ucrania. Hay que hacer más hincapié en las bondades que tenemos los seres humanos en lugar de hacer generalidades solo con lo negativo… Hay un libro muy bonito, ‘El optimismo inteligente’, donde se habla precisamente de eso.

Hace 100 años, Ramón y Cajal, a quien nombras en el libro, descubrió como funciona el cerebro. Un siglo después, ¿nos queda mucho que saber de él?

¡Una barbaridad! En realidad, sabemos muy poquito. Nos queda saber, por ejemplo, cómo se comunica con el resto de los órganos, cómo se autorregula, por qué unas veces somos conscientes de unas cosas y otra no, nos queda por saber mucho de cómo se comunican las neuronas… En cuanto al funcionamiento del cerebro, aún estamos absolutamente en pañales. 

Cubierta del libro 'Alicia y el cerebro maravilloso'
Cubierta del libro 'Alicia y el cerebro maravilloso'
Penguin Random House
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