Puede parecer incomprensible, pero la decisión del técnico francés del Real Madrid tiene toda la lógica. Irse en lo más alto, después de 876 días, ganando nueve de los trece títulos que ha disputado, habla de grandeza y de una inteligencia por encima de la media.

Para tomar una decisión como lo ha hecho Zizou tiene que converger el saber marcharse por la puerta más enorme de la historia, saber gestionar el éxito que ningún técnico logró antes, con tres Champions consecutivas, y un conocimiento exhaustivo de lo que es un vestuario de fútbol.

Zizou sabe que dos años y medio de convivencia y de exigencia erosionan hasta la mejor de las relaciones con los futbolistas. Él, que fue cocinero antes que fraile, conoce las piedras del camino. Este año ya fue distinto a los dos anteriores en su trato con el vestuario. Los que le miraban como icono ya le miraban como entrenador. La gestión de personas pasó a ser gestión de egos y Zidane siempre habló de horizontes cercanos, vislumbrando que su fecha de caducidad estaría próxima.

No puede sorprender porque ya hizo lo mismo como futbolista, perdonando mucho dinero y anticipando su final cuando todos pensábamos que tenía mucho por dar.

El lío le viene ahora al Madrid. Con los casos de Cristiano y de Bale aún candentes sobre la mesa, tiene que gestionar la llegada de un nuevo técnico. Pochettino siempre gustó, aunque acaba de renovar. Veremos si se dejó abierta una puerta al Real Madrid en su nuevo contrato. Guti sería una apuesta de la casa, como lo fue Zizou, pero sin experiencia a nivel senior.

En cualquier caso, todos los honores para un hombre diferente, con la mirada limpia, que toma una decisión de vida. La Selección francésa siempre será un anhelo que le llegará más pronto que tarde. No les quepa duda de que Zidane volverá al Real Madrid en unos años. De momento, ha escrito su historia más gloriosa en el Siglo XXI. Fue único como jugador, ha sido único como entrenador y también es único en su manera de marcharse.