La introducción de la prisión permanente revisable en España supuso, en el año 2015, una clara involución de nuestro sistema penal. Un paso atrás, una vuelta a una pena abolida en 1928, hace casi un siglo.

La llaman "prisión permanente revisable" cuando en realidad quieren decir "cadena perpetua". Añaden el término "revisable" como un método más para acallar sus conciencias. Pero dejémoslo claro: no es revisable. Las posibilidades de revisión –y por tanto de salida de prisión– son más teóricas que reales. Se prevé esta pena para los delitos más graves (terrorismo, asesinatos de especial gravedad, etc.) y a la vez se condiciona la revisión a factores como las circunstancias del delito cometido –que necesariamente serán graves, considerando los delitos que llevan aparejada esta pena– o la relevancia de los bienes jurídicos que podrían verse afectados en caso de reincidencia –que en todos los casos es el bien más preciado: la vida–. Y no acaba ahí. También se condiciona la salida de prisión a las circunstancias familiares y sociales del penado, como si mantener una buena relación con tus padres o hermanos, o tener un amplio círculo de amigos te hiciera más merecedor de libertad.

Tenemos una de las tasas de criminalidad más bajas de Europa –algo que probablemente sorprenderá al lector–, y aun así contamos con uno de los Códigos Penales más duros de Europa.

Los problemas de criminalidad no se solucionan endureciendo las penas. Está psicológicamente demostrado que no disuade más una pena de prisión más alta cuando nos encontramos ya en niveles tan elevados.

Los problemas de criminalidad se solucionan con educación. Según un estudio de la Comisión Europea, el coste medio diario por preso fue en 2013 de 52,59 euros, lo que supone un importe mensual de más de 1.500 euros. ¿No sería más adecuado invertir este dinero en mejorar nuestros sistemas de reeducación y resocialización de los penados, y asumir dicho coste durante menos tiempo?

Es comprensible que la sociedad, ante las aterradoras noticias que a veces inundan nuestros periódicos, quiera una respuesta extrema. A todos nos estremece escuchar las tristes historias que algunos tienen la desgracia de experimentar. Pero el derecho penal no puede guiarse por una sed de venganza. El poder punitivo del Estado está institucionalizado, y como tal no puede dejarse llevar por sentimientos ni por respuestas pasionales.

¿Qué haremos cuando se demuestre que la prisión permanente revisable no reduce los índices de criminalidad? ¿Introduciremos la pena de muerte "revisable"? Como dijo Dostoyevski: "El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos". ¿Qué tipo de sociedad queremos ser?

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