En fechas recientes, la Sociedad Internacional para la Investigación de Células Madre (ISSCR) ha instado a la comunidad científica a no crear expectativas exageradas a partir de los resultados de las investigaciones. En un documento publicado en la prestigiosa revista Science, redactado por 25 especialistas de nueve países y revisado por otros 85, introduce por primera vez el problema del sensacionalismo científico y denuncia explícitamente «la comercialización de intervenciones médicas de eficacia no demostrada», a base de dichas células a la vez que advierte que «se han notificado efectos secundarios graves de estos tratamientos».

Hoy día estos trasplantes de médula o cordón representan alrededor del 95% de las células madre que se usan en medicinaEstos avisos no pueden ser más ciertos ni más oportunos, aunque personalmente me habría gustado verlos hace una década, cuando esta discusión estaba en su punto álgido. El concepto de células madre es relativamente reciente, de finales del siglo pasado, pese a que su uso en enfermedades de la sangre es muy anterior. Efectivamente los trasplantes de médula o de cordón umbilical lo son en realidad de células madre sanguíneas que son las que van a dar lugar a los glóbulos rojos, los leucocitos o las plaquetas que forman la sangre adulta. Hace poco se conmemoraban en el hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona los 40 años de la primera de estas intervenciones en España, en 1976 y todavía hoy día estos trasplantes de médula o cordón representan alrededor del 95% de las células madre que se usan en medicina, para tratar y de forma muy eficaz, leucemias, linfomas, aplasias medulares y todo tipo de cánceres hematológicos, déficits congénitos y un largo etcétera de enfermedades.

Sin embargo es ese 5% restante el que ha atraído la atención de científicos y legos en la materia desde que se comprobó que las células madre se convertían en cualquier tipo de célula: cardiaca, ósea, nerviosa...con lo que planteaban la posibilidad de tratar diversas enfermedades al poder reparar tejidos u órganos dañados. Cuanto más 'jóvenes' y primitivas, más posibilidades de transformación tenían y de ahí que las células madre embrionarias pronto centraran la atención de los investigadores

Sin embargo, además de los problemas éticos que conllevaba la utilización de embriones procedentes de la reproducción asistida, la capacidad de generar tumores de estas células constituye de hecho un problema infranqueable en el estado actual de la ciencia para su uso en humanos. Todo ello derivó la atención hacia las células madre 'adultas', presentes en numerosos tejidos, sin tanta capacidad de conversión pero también sin tanto riesgo ni problemas éticos, o bien más modernamente las llamadas 'IPS', células adultas reprogramadas para recuperar gran parte de la plasticidad de su juventud.

Los tratamientos con eficacia clínica apenas si llegan a la media docenaPor desgracia, tras casi dos décadas de investigación, los resultados son más bien modestos, dejando aparte como antes decíamos los trasplantes hematológicos que salvan muchos miles de vidas cada año. Sin embargo, las promesas de que las células madres iban a curar «la diabetes, el parkinson, el alzheimer» y no sé cuántas cosas más, que irresponsablemente se lanzaron a principios de siglo (no solo en España) y encontraron un amplio eco, se han quedado en casi nada. Los múltiples trabajos prometedores en animales de laboratorio apenas si han llegado a la clínica humana. De hecho, los tratamientos con eficacia clínica demostrada aprobados como tal, apenas si llegan a la media docena. Y bien se podría decir que los que realmente han mejorado su salud gracias a las células madre han sido los ratones de laboratorio.

Todo ello no quiere decir que las células madre no sigan siendo una gran esperanza médica, y desde aquí analizaremos algunas de sus posibilidades futuras. Pero tal como iniciábamos estas líneas, la prudencia y los mensajes serios son hoy más necesarios que nunca. Si algo sobra son los vendedores de humo.