"No estamos en un momento normal". Esta frase —que ha pronunciado el president del Parlament, Roger Torrent, para explicar que anulaba la votación de investidura pero que mantenía el pleno— es casi la única de sus afirmaciones que comparte todo el arco parlamentario catalán. Efectivamente, Cataluña no está en un momento normal. Tienen a siete cargos políticos fugados, a nueve en prisión preventiva, y a más de siete millones de catalanes en una situación de indefensión clara porque sus representantes en el Parlament son incapaces de ponerse de acuerdo para elegir a un presidente de la Generalitat. La situación, además de esperpéntica, es bastante grave porque no la están pagando esos diputados que —ya sea en su autoexilio o en sus escaños— siguen cobrando su sueldo, sino que la sufren el resto de catalanes.

Torrent, en vez de cumplir el mandato que tiene del Estatut y proponer un candidato que por fin aúne los votos de la mayoría del Parlament, ha aprovechado su posición de presidente de esa institución para volver a culpar a "las injerencias externas" de su situación de bloqueo. Es bastante más fácil criticar al Gobierno central, al Senado o a quien haga falta que esté fuera de Cataluña del problema que tienen, en vez de asumir que alguna responsabilidad tendrán JxCat, ERC y la CUP de no resolver la situación. Son ellos, que suman la mayoría absoluta en el Parlament, los que deberían encontrar un candidato que puedan apoyar las tres fuerzas y nombrarlo president. Después de más de tres meses desde las elecciones catalanas, todavía no lo han conseguido.

Lo único bueno de estos días es que por fin ha vuelto a arrancar el reloj para que haya nuevas elecciones. El jueves, con el discurso de Jordi Turull ante el pleno del Parlament, arrancó la cuenta atrás de 54 días para que elijan a un presidente. Si en este tiempo, JxCat, ERC y la CUP siguen sin ser capaces de encontrar un candidato al que votar a favor, volverán a celebrarse elecciones en Cataluña. Seguramente seguiremos en una situación bastante anormal, pero al menos los ciudadanos van a poder volver a pronunciarse. Y el votante siempre toma nota.