El Alto Tribunal aún no ha dicho la última palabra, pero la petición resulta surrealista. A falta de libertad, los procesados y ahora candidatos Rull, Turull y Sánchez pretenden convertir el palacio de Las Salesas en un plató de televisión. Quienes se sientan en el banquillo aprovecharían los recesos del juicio para grabar spots, atender a los medios y celebrar ruedas de prensa, si no auténticos debates. Toda una reivindicación del derecho electoral por encima del derecho penal, que llega después de que hasta el secretario general de Vox haya renunciado a sacar rédito mediático —e incluso, procesal, dado su escaso protagonismo y eficacia— a su condición de acusador popular. El 'dos' de Abascal ni siquiera promueve los 'canutazos' de los primeros días.

En un anterior empeño de las defensas, la Sala II desvió el balón hacia la portería de la Junta Electoral y la Administración penitenciaria, pero esta vez tal vez habrá de pronunciarse sobre lo que atañe físicamente a su casa; y hacerlo sin ironías y otras tentaciones susceptibles de ser recurridas ante Estrasburgo. A la espera de la decisión, será más fácil que los presos del procés pudieran recoger en el Congreso su acta de diputado que les sea posible ahora hacer campaña.

En todo caso, esta extraña Semana Santa lectiva y electoral arrancaba de una manera relativamente favorable para las defensas. No había más que ver la sonrisa de Olga Arderiu —la abogada de una Forcadell este lunes revestida de amarillo hasta en unos abrigados guantes dentro de la sala—, cuando el instructor de las diligencias fue quebrando su testimonio.

"Puede ser, es que me baila...", balbuceaba el comandante de la Guardia Civil cuando ésta le advirtió del desfase de un año entre las leyes de desconexión y la participación de la expresidenta del Parlament en una reunión preparatoria. El que fuera 'número dos' de Baena, que había contestado con precisión a las acusaciones, y descrito la "convergencia" de los dirigentes independentistas con los activistas Sánchez y Cuixart en los días previos a la elección de Puigdemont, perdió la memoria de manera palmaria: "No sé", "no recuerdo", "no me acuerdo, de verdad"..., arrancó con el letrado de Junqueras. Y también la sustituta de Melero, Judit Gené, cobró su pieza cuando el testigo admitió que Forn no llegó a responder los correos de un Trapero "imprescindible" en el procès, en los que el jefe de los Mossos informaba al consejero de Interior de los planes de la fiscalía.

Por su parte, los policías cumplieron con su relato. Según sus testimonios, el vandalismo del 1-0 estuvo en el lado de los presuntos pacifistas.