El Gobierno anunció la semana pasada un aumento del 5% del precio del butano, que hoy se sitúa en 12,89 €/bombona. Esta nueva subida coincide con la semana de la gran ola de frío, la subida de la luz y el mes en el que las familias consumen más bombonas en todo el año. Con esta subida, la factura de calefacción de las familias que aún emplean este combustible para calentarse aumentará en alrededor de 5 euros con respecto al precio de hace seis meses.

Del precio de la bombona, en torno a 7,5 euros se destinan a envasado, distribución y suministro domiciliario; el resto se corresponde con el precio del combustible. Los cada vez menos comisionistas de Repsol se quedan solo la mitad de este importe por llevar la bombona a su casa, apenas unos 3 euros, lo que ha venido deteriorando la frecuencia del suministro domiciliario. Por esta razón cada vez más clientes acuden a las gasolineras para adquirir las bombonas de butano, a pesar de que cuesten lo mismo que si se la trajeran a casa.

En 2017, la bombona de butano es el único derivado del petróleo que mantiene un precio regulado y obligaciones de suministro domiciliario. La principal razón es que el suministro está dominado casi completamente por Repsol Butano y, pese a la entrada de otros operadores como Cepsa, que vende ya un buen número de bombonas desde hace algunos años, la liberalización en este sector apenas ha atraído nuevos competidores.

El control administrativo de los precios del llamado GLP envasado –conocido popularmente como la bombona de butano– trata así de proteger a los consumidores de un posible abuso de mercado. Este es especialmente relevante si se tiene en cuenta que el consumo de butano se ha relacionado en general con familias de renta baja, más vulnerables y sin alternativas energéticas para cocina y calefacción.

¿Es cierto que el consumo de butano se concentra en familias de renta baja? Con datos oficiales no es posible responder con exactitud a esta pregunta. Las estadísticas de la CNMC solo dan información sobre el consumo de butano provincial:

  • Todas las provincias concentran el consumo de butano en los meses de invierno y en particular en el mes de enero y febrero.
  • Las provincias con mayor consumo per cápita de bombonas son Huelva y Badajoz, seguidas de Ceuta, Granada y Cádiz.
  • Las provincias que más consumen son las de Levante, y solo en Alicante se consume el 7% de este combustible. Las provincias andaluzas son igualmente grandes consumidoras de butano y en conjunto representan casi otro 30% del total de bombonas vendidas.
  • Las provincias más urbanizadas, como Madrid y Barcelona, concentran entre las dos el 10% del consumo de butano, pero con un consumo per cápita pequeño, lo que indicaría que aún varios edificios siguen dependiendo del butano para calefacción y cocina.

En conclusión, de la información de la Comisión se deduce que el consumo de butano se destina sobre todo a calefacción. Además, es un combustible esencial en entornos rurales donde la conexión a redes de gas natural no es posible. El butano se utiliza sobre todo en zonas templadas, donde la calefacción es necesaria en pocos periodos del año. Finalmente, en las ciudades se sigue consumiendo butano en varios edificios y es más habitual en Cataluña, donde el clima es más templado.

Por tanto, el butano forma parte de nuestra cesta de combustibles y su encarecimiento, aunque afecta a menos ciudadanos, sí lo sufren aquellas familias que lo necesitan para calentarse en invierno. De cara al futuro, si el precio de petróleo continúa su escalada es probable que continúe aumentando el precio de la bombona. Aún estamos lejos de los máximos de 2014, cuando la bombona alcanzó su precio máximo de 17,5 euros, pero no es descartable que podamos llegar nuevamente a tales niveles.